
Café ecuatoriano en Corea del Sur: beneficios del arancel 0 % con el nuevo acuerdo
El acuerdo comercial abre oportunidades, pero el déficit productivo limita su aprovechamiento
El café ecuatoriano vuelve a mirar hacia el exterior. Esta vez, con una nueva puerta abierta: Corea del Sur permitirá el ingreso del grano con arancel cero, una ventaja que en teoría debería impulsar las exportaciones. Sin embargo, en el campo la realidad es otra: no hay suficiente café ni siquiera para abastecer el consumo interno.
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La paradoja es evidente. Mientras el país gana acceso preferencial a nuevos mercados, la producción nacional sigue rezagada. Según cifras del sector, Ecuador produce alrededor de 150.000 sacos al año, pero la demanda interna supera los 300.000. La diferencia se cubre con importaciones de café verde, una contradicción para un país con condiciones naturales ideales para este cultivo, indica a Diario EXPRESO Mauro Erazo, presidente del Foro Agropecuario Ecuatoriano.
En ese contexto, el café de especialidad aparece como una salida. Es el segmento donde Ecuador ha logrado posicionarse, con granos que alcanzan precios de hasta 30 y 40 dólares por libra en mercados diferenciados. Ahí es donde muchos productores ven una oportunidad real de crecimiento, incluso con volúmenes limitados, destaca Erazo.
Pero el problema de fondo sigue intacto: la falta de producción.
Erazo lo resume con claridad. El acuerdo comercial representa una oportunidad importante, pero el país no está en condiciones de aprovecharla plenamente. “No tenemos ni siquiera para cubrir la necesidad de la industria ecuatoriana”, advierte.
La debilidad del sector no es nueva. A inicios de los años 2000, Ecuador contaba con unas 550.000 hectáreas de café, según Erazo. Hoy quedan apenas 26.000. La reducción no solo refleja el abandono del cultivo, sino también la migración hacia otras actividades como cacao, banano o plátano, en busca de mayor rentabilidad o menor riesgo.
En marzo de 2025 se intentó cambiar ese rumbo. El sector y el entonces ministro Danilo Palacios anunciaron un plan para sembrar 20.000 hectáreas en tres años. Sin embargo, un año después, el balance es pobre: los compromisos no se han cumplido y la reactivación sigue en pausa.
“Ha quedado en el papel”, reconoce Erazo. La salida del ministro frenó el impulso inicial y no hubo continuidad suficiente desde la política pública. Recién ahora se retoman mesas técnicas para evaluar avances, pero sin resultados concretos a la vista.
El sector hace esfuerzos aislados
Mientras tanto, el sector se sostiene en esfuerzos aislados, principalmente desde lo privado. Productores apuestan por variedades de mayor calidad, enfocadas en nichos de exportación, pero sin un respaldo estructural que permita escalar la producción.
El rezago también se explica por factores estructurales. Más del 60 % de los cafetales supera los 15 años, lo que reduce la productividad y aumenta la vulnerabilidad a enfermedades como la roya. Los rendimientos, entre 5 y 8 quintales por hectárea en arábigo, están por debajo de los estándares regionales, señala Erazo.
A esto se suma un obstáculo clave: el financiamiento. El café es un cultivo de largo plazo y requiere créditos adecuados. Actualmente, el sector negocia con BanEcuador una línea especializada bajo el esquema “7/7”: créditos a siete años, con tasas del 7 % y tres años de gracia. Sin embargo, el acceso aún es limitado y muchos productores siguen sembrando con recursos propios.
La falta de crédito, asistencia técnica y programas de renovación ha frenado la expansión. Por eso, desde el gremio se insiste en medidas urgentes: ampliar la superficie cultivada, al menos 5.000 nuevas hectáreas en una primera fase, fortalecer la capacitación y garantizar financiamiento acorde al ciclo productivo.
En paralelo, el mercado internacional sigue avanzando. En 2024, las exportaciones de café ecuatoriano alcanzaron unos 145 millones de dólares, con un crecimiento cercano al 19 %. Sin embargo, el 95 % corresponde a café industrializado, lo que evidencia que el dinamismo del sector depende más del valor agregado que de la producción primaria.
Frente a gigantes como Brasil, Vietnam o Colombia, la brecha es amplia. Pero el potencial sigue ahí. La caficultura no solo representa una oportunidad económica, sino también social: puede generar empleo rural y frenar la migración en zonas agrícolas.
El acuerdo con Corea del Sur llega, entonces, en un momento clave. Más que una solución inmediata, funciona como un recordatorio de lo que el país podría hacer si logra reactivar su producción.
Porque abrir mercados es importante. Pero sin café suficiente, la oportunidad corre el riesgo de quedarse, otra vez, en el papel.
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