Economia del desarrollo

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Economía del desarrollo

El Premio Nobel de Economía de este año fue para Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, por su trabajo en el uso de ensayos controlados aleatorizados en estudios del desarrollo. La decisión generó amplia variedad de reacciones en todo el mundo, en particular porque esos ensayos son muy discutidos por los economistas académicos. Muchos en China consideran que el Comité del Nobel se olvidó otra vez de la experiencia de desarrollo china, que nada tuvo que ver con esa clase de ensayos. Es verdad que algunas de estas críticas pueden ser de envidia. Desde que se creó el Premio Nobel solo lo han recibido tres chinos (el de Literatura, el de Medicina y el de la Paz). Sin embargo, la historia económica de China ofrece lecciones importantes para el estudio del desarrollo que la moderna metodología de los ensayos controlados aleatorizados pasa por alto. Los investigadores del campo aparentemente olvidaron la enseñanza de la economía clásica del desarrollo de los años 50, que dice que el desarrollo económico implica dar los pasos difíciles pero necesarios para el logro del crecimiento sostenido. Por ej., aumentar el ahorro interno es muy difícil, pero imprescindible. Representantes de la economía del desarrollo clásica como Pei-Kang Chang, Roy F. Harrod, Evsey Domar y Robert Solow vieron que el ahorro es esencial para dar el puntapié inicial al crecimiento económico en los países pobres. Para que un país pueda aprovechar al máximo el ahorro interno, debe desarrollar una capacidad industrial propia. Como observó Lee Kuan Yew, el padre de Singapur: “Ningún país llegó a ser una economía importante sin convertirse en potencia industrial”. China hizo las dos cosas. La economía del desarrollo moderna también prestó poca atención al papel de la coordinación social en la obtención gradual de economías de escala productivas. Desde un punto de vista práctico, la coordinación económica tiende a demandar acción del gobierno. Cuando los cuatro tigres asiáticos (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán) concitaron la atención internacional a fines de los 80, su veloz crecimiento generó un encendido debate sobre el papel que corresponde al Estado en el desarrollo económico, del que surgió el concepto de “Estado desarrollista”. Pero la crisis financiera asiática de 1997 suscitó grandes dudas respecto del modelo asiático, y desde entonces la economía del desarrollo retornó al paradigma neoclásico. En el caso de China, el Estado tuvo un papel evidente, pero no fue el único factor del éxito. Su intervención fue más eficaz en la medida en que imitó a otras economías del este de Asia, colaborando con la acumulación de capacidad de producción y proveyendo coordinación cuando fuera necesario. Es lamentable que tan a menudo el éxito económico de China se considere precursor de un modelo de desarrollo totalmente nuevo, el “capitalismo de Estado”. No hay ningún secreto detrás del éxito económico de China. Lo único que hizo el país fue seguir el consejo de los economistas clásicos y dar los difíciles pasos necesarios para lograr un progreso duradero. Pasos para cuya identificación no hacen falta experimentos: son los mismos para todas las economías en desarrollo y se los conoce hace décadas.

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