
Dos poetas desempolvados del olvido
Es indudable que Hugo Mayo (cuyo nombre real era José María Egas Miranda) y David Ledesma Vásquez son dos figuras de excepción, a lo largo del pasado siglo XX.
Es indudable que Hugo Mayo (cuyo nombre real era José María Egas Miranda) y David Ledesma Vásquez son dos figuras de excepción, a lo largo del pasado siglo XX, dentro del panorama de la poesía ecuatoriana. El primero llegando hasta la edad senecta y el segundo cortando por propia voluntad su existencia a los 26 años de edad, completando la lista de nuestros poetas suicidas, con Medardo Ángel Silva, Arturo Borja y César Dávila Andrade.
Ahora, la editorial Pre-Textos, con una selección del poeta Augusto Rodríguez, apuesta por desempolvar las obras de estos dos autores con las antologías ‘Una pupila cortada en la oscuridad’ y ‘Antología poética’.
Hugo Mayo, nacido en Manta a fines del siglo pasado, el mismo año en que triunfaba la revolución liberal alfarista, en 1895, se encargó con su creación inédita en los anales de nuestra historia lírica de imponer la vanguardia en nuestro país, que había visto transcurrir, con notable calidad, la obra de los poetas del modernismo y el posmodernismo.
Fue distinto para una sensibilidad que no estaba acostumbrada a romper lo sacro y lo solemne y a salirse de ciertas reglas de la preceptiva para imponer la modernidad de un mundo cuya ciencia y tecnología establecían nuevas formas de vida en la sociedad.
Habiendo vivido la mayor parte de su vida en Guayaquil, donde ocupó hasta la muerte un cargo en una oficina pública donde se hablaba solo de números y contabilidad, su nombre figurado para la literatura lo tomó del gran escritor romántico francés Víctor Hugo y del mes de mayo, que es el de la primavera, aunque en su patria ubicada en la mitad del mundo solo tenemos dos estaciones.
Entre sus textos priman los versos breves y las imágenes claras y directas: Las cosas son así, hay que aceptarlo/ Aunque pesquemos sin quererlo/ Un pequeño resfriado/ Que un diálogo de besos/ Podría cambiar la dentadura/ Frente al amor que arde/ Sanseacabó es cierto/ Si alguien presta pronto la suya/ Sus clínicas ante ese anuncio: “Se alquilan dentaduras de asno”.
David Ledesma Vásquez, nacido en 1934, era guayaquileño y en el Puerto Principal permaneció toda su vida, con dos ausencias no muy largas en el extranjero (en Argentina y en Cuba). Sus oficios estuvieron de cierta manera vinculados a su destino lírico, pues fue locutor y actor en novelas radiales.
Izquierdista y fiel creyente en la Revolución Cubana, sus versos sorprenden por intimistas, desgarradores y profundos.
Como un ejemplo, el siguiente texto titulado ‘Extraño’, que forma parte de la antología recientemente publicada: Un hombre a quien jamás he conocido/ visita una ciudad que ya no existe/ -largo sabor de muerte le atraviesa/ de parte a parte la boca amarga-/ entra a una casa en donde nunca ha estado/ y se sienta a esperar que nadie llegue./ Sobre mi corazón suenan sus pasos.
En marzo de 1961 se suicidó colgándose de una corbata amarilla y dejando como ‘mea culpa’ un intenso y conmovedor poema cuyo texto fue encontrado en el bolsillo de la camisa que usaba al partir por voluntad propia de este mundo.