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En doble via
Si a principios de mayo alguien le hubiese dicho a Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno de España, que pasaría sus vacaciones de agosto como un ciudadano más seguro que este le habría tachado de loco. Pues sí, ahora el expresidente contempla desde su relajado trabajo de registrador de la propiedad cómo su enemigo político Pedro Sánchez ocupa el palacio de gobierno en Madrid y, para colmo, ha aupado al PSOE, su partido político, al primer puesto destacado en las encuestas de intención de voto. El poder desgasta al final pero tonifica al principio. Disfruta del efecto luna de miel de los nuevos gobernantes.
No nos confundamos. Sánchez tiene por delante un camino lleno de obstáculos para terminar la legislatura entre los que no es menor la aplastante minoría parlamentaria que ya le dio el primer aviso tumbando su proyecto de presupuestos. El desafío soberanista catalán es el gran monstruo al que deberá enfrentarse. El presidente ha prometido diálogo pero haría bien en apoyarse en la institucionalidad para hacer frente a los independentistas. Porque el presidente de España encuentra un país con sus organismos bien engrasados para el correcto funcionamiento democrático.
Si nos remontáramos un poco más allá, al mayo de 2017, también muchos habrían tachado de loco a quien hubiese pronosticado que la llegada de Lenín Moreno al poder desmantelaría en unos pocos meses toda la infraestructura correísta preparada para muchos años y que se desmoronó como un castillo de naipes. Moreno no tuvo tanta suerte como Sánchez porque las instituciones en Ecuador se mueven en función de los intereses políticos del momento. O los políticos del momento las nombran para sus intereses, que viene a ser lo mismo.
El presidente de Ecuador también vivió su luna de miel con las encuestas, pero ahora ya sabe que necesita una institucionalidad fuerte... y dinero. Dos vuelcos políticos paralelos pero que corren por vías paralelas.