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Mientras mas diabolica la mascara, es mejor

La pasión que ponen los pillareños al evocar a los diablos los hace únicos en el país. En este sector de Tungurahua, a 40 minutos de Ambato, no se recordaron a los Reyes Magos, sino que cierran con broche de oro la tradicional fiesta de la “Diablada P

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La pasión que ponen los pillareños al evocar a los diablos los hace únicos en el país. En este sector de Tungurahua, a 40 minutos de Ambato, no se recordaron a los Reyes Magos, sino que cierran con broche de oro la tradicional fiesta de la “Diablada Pillareña”, desde el 1 al 6 de enero.

Pero son las máscaras las que cautivan. “Mientras más diabólicas son, se hacen más atractivas para los turistas”, asegura Alexander Álvarez, quien vive en Guayaquil, pero cada 1 de enero regresa a su tierra, Píllaro, solo para vestirse de diablo. Su careta le costó 400 dólares y un amigo artesano se la confeccionó en tres meses. Prefirió el rostro cubierto de verde, ojos rojos al igual que sus dos cuernos, cuatro colmillos y una cresta decorada con papeles multicolores. Solo su hermano tenía un diseño similar.

La artesana Hilda Huachi asegura que cada careta es única, exclusiva, se pueden parecer, pero no son iguales. Los precios varían de acuerdo a los detalles y complejidad, entre 100 hasta 5 mil dólares.

Elaborarla es complejo. Los diseños los llevan los danzantes o los realizan en coordinación con los artesanos.

Marco Campaña es danzante y artesano, dice que elabora su disfraz, pero para no perder la esencia investigó la técnica que utilizaban los abuelos. La materia principal es el papel reciclado y mucho engrudo (que se realiza a base de harina cocinada con agua) para que adquiera dureza. Utiliza cuernos de venado o de ganado y dientes que elaboran con hueso de animal. Campaña es veterinario, pero desde octubre hace un alto a sus actividades profesionales para dedicarse a la confección de su antifaz.

Hay otros que utilizan la técnica del papel engomado, para esto requieren tres tipos de papeles, como son el maché, el bond y el de cuaderno, que mezclados con el engrudo le dan la forma anhelada. En algunas máscaras se utiliza porcelana fría para perfilar los dientes.

Los cachos de venado los consigue en Riobamba y solo el par de cuernos puede costar entre 20 a 40 dólares. Para que se vaya el mal olor de los cachos los hierven por varias horas, se los entierra en masilla, se los pega con una masa especial y después el secado que dura otro tiempo.

El peso de cada una y el costo dependen del modelo y de los cachos que quiera el cliente.

Carlos Velasteguí, de 20 años, llegó recién desde Italia e hizo su careta simulando a un duende, fijó sus rasgos en ella. “Cada máscara es iniciativa del cliente. Nos gusta demostrar cómo queremos reflejar nuestros rasgos diabólicos. Cada cacho significa un punto más de noviazgo de los diablos”, asegura Carlos, quien hizo un diseño que lleva el mismo color verde de sus ojos.

Stalin López, del barrio Guanguibana, asegura que como el diablo es engañoso, es por eso que cada careta es diferente y única. Salió a bailar con 17 integrantes de su familia. (F)

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