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La deuda ambiental de Guayas
Los problemas ambientales y las agresiones al ecosistema reflejan la carencia de políticas públicas para una adecuada conservación. Por eso se dice que los diversos segmentos que integran el Ecuador tienen una gran deuda con la naturaleza.
Son variadas las actividades económicas que se desarrollan en nuestro país y ciertamente tienen responsabilidad en los procesos contaminantes. La industria de hidrocarburos, la minería, la pesca, la industria farmacéutica, las camaroneras, todas al unísono, unas más y otras menos, no conocen la implementación de procesos de “economía limpia”.
Aunque Guayas no tiene petroleras ni grandes empresas mineras, registra severos efectos de contaminación en su área rural y urbana. Las evidencias son muchas. La contaminación está presente en los principales ríos -navegables o no- y en los esteros, los cuales reciben los desperdicios de diferentes tipos de procesos industriales, incluso en los que tienen que ver con la producción de medicina, alimentos, y no se diga los desechos de clínicas y hospitales.
Otro importante aspecto a señalar en materia de contaminación provincial y de destrucción del medioambiente es la tala de bosques y manglares. En los ríos de la provincia es visible la pérdida de cauce porque numerosas piladoras ubicadas en sus orillas o cercanas al Daule, Babahoyo, Yaguachi y Milagro, etc., arrojan en sus aguas el tamo de sus procesos de industrialización.
En las diferentes ciudades, grandes, medianas y pequeñas, como la ciudadanía sigue siendo un factor generador de contaminación, es común que sus habitantes desechen plásticos, botellas, etc., en las calles y alcantarillas. Lo mismo sucede en los mercados: sus usuarios todavía no asimilan una adecuada cultura de preservación y cuidado ambiental.
De otro lado, no son pocas las grandes industrias que han conectado los tubos de eliminación de desechos tóxicos con el río Guayas y con los esteros circundantes. Todo esto dice que la provincia, al igual que el resto del país, tiene severos problemas de contaminación ambiental. Es hora de que los gobiernos locales y también la ciudadanía tomen conciencia de la realidad y se esfuercen por revertir los efectos nocivos de su accionar. La deuda ambiental se incrementa cada día más.