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El descuido con los ninos, un mal que tiene cura
Existe la reinserción familiar, Aldeas SOS trabaja en ello. María Elena Toapanta cuenta su historia: fue demandada por negligencia.

Jennifer, de 10 años, quisiera jugar con sus amigas, pero debe arreglar su casa y cuidar a su hermanito. A Carolina, de 12, su papá le dice que si ella aprende a planchar bien su camisa, le hará practicar todos los días... En Ecuador, más de 13.000 niños y niñas no asisten a la escuela por realizar quehaceres domésticos, según el Ministerio de Educación. Hay quienes sí asisten pero continúan trabajando dentro o fuera de casa. ¡No deben hacerlo!
Y en la semana en que se conmemora el Día del Niño, este Diario va en busca de María Elena Toapanta, una madre coraje: fue demandada por negligencia en el cuidado de sus seis hijos y fueron separados de ella. Cinco de los pequeños entraron en un programa de acogimiento de Aldeas Infantiles SOS (la mayor vive ahora con su padre). La madre luchó cuatro meses para tenerlos de vuelta y aquí cuenta su historia con un final feliz. Empieza en Quito, hace más de 11 años.
Con 36 años y sentada en una silla que parece de mimbre, María Elena recuerda que sus hijos fueron testigos de la violencia que vivía con su exesposo. Era alcohólico, celoso... No era todo. Ese hombre, dedicado a la albañilería, le pegaba frente a sus pequeños. Casi una década de maltratos. Hasta que ella decidió poner un punto final a la temible era de agresiones. Comenzaba entonces un tarea difícil para ella (casi imposible al principio): ser madre y padre para ellos y trabajar para sostener su hogar.
Lavaba ropa ajena y cocinaba, pero el dinero no era suficiente. La opción: volcarse a las calles con sus hijos para que la ayudaran a reciclar. Se levantaban a las cinco de la mañana, los más pequeños iban a la escuela (y luego se quedaban solos en casa), los más grandes salían por los barrios Bella Aurora hasta Llano Chico a recoger basura. La madre no sabía que era trabajo infantil. Algo ilegal. Hasta que le llegó una citación de la Dinapen, pues había sido demandada por negligencia: le advertía que tenía que ir a una terapia psicológica con todos sus niños. Y así fue.
Le dijeron entonces que un fin de semana irían a su casa para conversar. “No conversaron. Llegó una nueva citación advirtiendo que en máximo 24 horas yo debía tener un lugar estable para ellos”. [En efecto, la señora reconoce que el lugar donde vivían ella y sus pequeños no contaba ni siquiera con servicios básicos: “Hacíamos un hueco” para los desechos biológicos, confiesa].
No pudo cumplir con el requerimiento y la Dinapen se llevó a sus hijos a una casa de acogida de Aldeas SOS. “Fue muy duro, porque me dijeron que ellos se iban a quedar allí por un buen tiempo”, manifiesta.
Elizabeth Ponce, directora del programa Aldeas Infantiles SOS en Quito, explica que la madre y hermana de María Elena la demandaron por negligencia. “Es una forma de violencia”. La Dinapen solicitó una medida de protección que es el acogimiento familiar a un juez. Y con esta medida, los niños entraron en la institución. Y allí permanecieron.
Lejos de sus pequeños durante cuatro meses, la madre cayó en desesperación. Pero eso sirvió para que comenzara una lucha que no termina. “Cambié mi aspecto y mi actitud, me puse a trabajar para tener un hogar no tan perfecto pero sí para sacarles adelante. Me mudé a un pequeño departamento más aceptable”. Le costó, expresa la señora. Pero lo hizo para que se notara el cambio.
En ese tiempo, los niños recibieron atención por un grupo especializado y en el ámbito de cuidado: una dupla de educadores que estuvo pendiente de ellos. Eso sí, dice Ponce, se trabajó para el retorno de sus hijos con su madre. En ese lapso también un equipo técnico profundizó en la investigación de estudio de la familia y se determinó que la madre tenía la intención de cuidar a sus hijos, y que incluso ella había denunciado violencia en su hogar. “Es una madre garante de derechos”, concluyeron.
Fue así como en diciembre de 2018, para Navidad, le llegó el mejor regalo. Una reinserción. Sus hijos de vuelta. Por un momento, María Elena pensó que sería temporal, pero conforme pasaron los días, sus niños se quedaron allí, en su casa. “Le agradecí a Dios por esto... Fue como volverles a traer al mundo”, dice y llora.
En 2018 Aldeas logró reintegrar a 73 niños, niñas y adolescentes a sus familiares. No siempre ocurre. No todas las madres (o padres) intentan la reinserción o tienen las condiciones. Y por ello María Elena es un ejemplo: “Yo seguiré luchando por mis hijos sin importar nada. Adonde tenga que irme, siempre los llevaré conmigo”. Ahora ellos, tras haber estado en la casa de acogida, aprendieron mucho: a tender sus camas, a mantener todo limpio, incluso a lavar su ropa. “Mamá, ahora somos una familia y nos debemos ayudar”.
Pero aún hay una deuda pendiente con aquellos pequeños que siguen haciendo quehaceres domésticos y trabajando en la calle. Algunos, aunque no es el caso de María Elena, no pueden ir a clases. Y por eso existe una campaña llamada ‘Crecer a medias no es crecer’, cuyo objetivo es poner en evidencia la negligencia en el cuidado infantil en el país. Hay casos de niños que empiezan a consumir alcohol desde los 12 años; que 6 de cada 10 tienen acceso a Internet, pero en la mayoría de casos sus padres no saben qué páginas visitan ni con quiénes se contactan.
En Quito se hizo una escena itinerante para exhibir más de 300 historias de niños y niñas que han debido vivir negligencias. También lo harán hoy en Guayaquil, en Guayarte.
Niños de entre 5 y 14 años
Trabajan 11,9 horas semanales
Existe una estrategia para la erradicación del trabajo infantil. La presentó la ministra de Inclusión Económica y Social (MIES). Esta propuesta plantea una intervención integral hacia la restitución de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. También el fortalecimiento de las capacidades de cuidado de las familias, así como su inclusión económica. A escala nacional la estrategia, según el MIES, garantizará la atención de más de 10 mil niñas, niños y adolescentes a través de 126 unidades, con una inversión cercana a los cinco millones de dólares. La Encuesta Nacional Empleo, Desempleo y Subempleo del INEC (2018) revela que el 66,8 % del trabajo infantil pertenece a zonas rurales y el 33,2 % a zonas urbanas; las niñas, niños y adolescentes entre 5 y 14 años trabajan un promedio de 11,9 horas semanales; las actividades no remuneradas en el hogar, el comercio informal, la agricultura y el reciclaje concentran al 62,7 % de niñas, niños y adolescentes trabajadores.