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Diario Expreso Ecuador

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Desastres y drama humanitario

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La situación de Mocoa (abril 2017) y la de Armero (1985), en Colombia, están separadas por 32 años, pero en una y otra hay algo en común: corresponden a dos hechos producidos por deslaves en el vecino país. A partir de lo trágico de estos acontecimientos, las destrucciones que generaron y las pérdidas humanas que se dieron en uno y otro, se deben examinar los hechos para poder comprender lo que son y todo lo que traen estas catástrofes naturales, especialmente los deslaves, erupciones e inundaciones, así como el subsiguiente drama humano que viene con ellos.

Por diversidad de razones en los diferentes países del mundo se producen desastres naturales cuyos resultados siempre son trágicos y destructores, tanto en lo económico, productivo y laboral, como en la infraestructura. Pero sobre todo en los centenares y hasta miles de pérdidas humanas que dejan como consecuencia. Se han señalado múltiples causas para estos desastres, sin embargo, cada vez hay mayor consenso y aceptación de la tesis que los atribuye a los efectos del calentamiento global, así como a una frecuencia superior de fenómenos irregulares de El Niño, cuanto a errores humanos en los inapropiados tipos de asentamientos poblacionales, específicamente cuando se dan en zonas inadecuadas y de alto riesgo.

El país recuerda la tragedia de La Josefina (1993). En años anteriores y en la actualidad hemos tenido conocimiento de los deslaves que se producen en las carreteras de los Andes. En Guayaquil, aunque no hay montañas como en la sierra, también se han producido este tipo de desgracias en los asentamientos irregulares en los cerros de Mapasingue, Monte Sinaí, etc.

Por los efectos que traen es preciso conocer y tener una adecuada política que permita atenuarlos. Más que nada hoy, cuando por la incidencia del Niño Costero, el calentamiento de las aguas marítimas ha generado un mayor volumen de lluvias de alta intensidad. Por esto es necesario que se comprenda y se asuma su gravedad y se muestre solidaridad con los dramas humanitarios que vienen junto a estos desastres.

Si los gobiernos tienen la obligación de atenderlos, también la sociedad y la ciudadanía deben asumir un mayor grado de concientización sobre estos eventos. Solo de esta manera se puede ser parte de una efectiva política solidaria frente al drama humanitario que por efecto de ellos sufren las zonas afectadas y su población.

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