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La culpa
Entre nosotros los ecuatorianos cuando algo falla es clásico que iniciemos una búsqueda del culpable: alguien “más allá que yo” debe tener la culpa de lo ocurrido, y curiosamente, hay ocasiones en que nadie en particular resulta ser responsable de lo acontecido, sino que la suma de factores que se juntan y se suman, llevan a las consecuencias no deseadas.
¿Acaso es esto lo ocurrido con la prueba Ser Bachiller? Pretender cargar toda culpa en una sola entidad, llámese Ineval, ministerio y otras involucradas en la elaboración de la prueba, no sería justo, pues más bien es la sumatoria de varios factores la que llevó al desastre vivido.
Fusionar dos objetivos distintos, intentando que cada uno mantenga su especificidad, no funciona, pues es claro que a la universidad le interesa conocer del estudiante su capacidad de razonamiento, su inclinación vocacional y su potencial profesionalizante; mientras que al que gradúa le interesa valorar lo aprendido y la capacidad que tenga el alumno de exponerlo y comunicarlo. La prueba quiso servir a dos señores y eso no es posible.
Por otro lado, la forma de presentación del cuestionamiento puede desconcertar a jóvenes no siempre preparados a manejar un idioma tan frondoso como el castellano, sobre todo si tenemos a adolescentes acostumbrados por cultura a responder preguntas directas y preferentemente descomplicadas.
Una prueba evaluatoria debe tener en cuenta y considerar el universo que evalúa, por tanto, quien la prepare debe apuntar a conseguir no la respuesta ideal que se desea, sino aquella que se genera en la realidad del mundo cultural en que vive el evaluado.
De quién es la culpa por tanto, no es lo relevante a establecer. Lo importante es que aterrizando en las realidades que vivimos seamos capaces de generar modelos evaluatorios que vayan acorde con el día a día del estudiante y su aprendizaje.
No generemos gigantescos currículos para que el profesor los maneje con angustia por los tiempos y a la par se le pida a este que se esmere en desarrollar fórmulas nuevas para pensar y comunicar.
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