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La cruz viajo a caballo y en hombros de los companeros de los fallecidos

Luis Catota conocía a todos los fallecidos en el accidente del Arava. Murieron tres uniformados que pertenecían a su promoción y él les hizo una promesa: un cementerio en la Brigada Patria de Latacunga, Cotopaxi.
Concretarlo tomó tres meses. Con la ayuda de sus superiores golpeó puertas y consiguió financiamiento. El proceso implicó sembrar césped, levantar bordillos y muros. También colocó una cruz de cemento y varilla.
Y llevó una similar al sitio del siniestro, en Pastaza. Una parte del recorrido se hizo a caballo. La otra, atravesando la selva frondosa, fue en hombros de los militares.
Al menos diez uniformados colaboraron. Para ‘sentar’ la cruz se utilizó un quintal de cemento, dos de ripio y dos de arena.
“Me siento orgulloso de haber colaborado con un granito de arena para los compañeros”, comentó a EXPRESO antes de que el padre Manuel bendijera su obra. Aunque fue un trabajo arduo, ver la emoción de los familiares fue su recompensa.