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Crisis internacional
Luego de unas cuestionadas elecciones que no han sido reconocidas por Estados Unidos, Canadá, parte de América Latina y Europa, Nicolás Maduro ha sido proclamado presidente de Venezuela para “gobernar” seis años más. La falta de reconocimiento internacional no obedece a un tema de ideologías; desde mi perspectiva, esta es consecuencia de los hechos que se han suscitado en los últimos años y de los cuales la comunidad internacional ha sido testigo.
¿Cuál es esa realidad que lleva a una parte de las democracias occidentales a no reconocer las elecciones en Venezuela? Según mi criterio, es la baja participación del pueblo venezolano en los comicios del domingo pasado. Para ello basta observar el hecho de que solo hubo un cuarenta y seis por ciento de participación del total de padrón, y que de ese porcentaje, el sesenta y siete por ciento habría votado por Maduro. Incluso estas cifras han sido puestas en duda por la prensa internacional, ya que al momento de cerrarse las urnas se habría reportado la participación de únicamente un treinta y dos por ciento de los electores.
A pesar de que esta situación en sí misma sería suficiente para invalidar las elecciones, tal postura se refuerza al ver una creciente realidad que el mundo ha observado: el éxodo masivo de venezolanos a distintas partes de Latinoamérica, especialmente a Perú y Brasil. A esto se suman las crecientes denuncias en redes sociales, tanto del tratamiento a presos políticos, como de las deficiencias en medicina y en productos de primera necesidad. No solo los medios de comunicación hacen estas denuncias, sino los venezolanos comunes, quienes huyen de su tierra, ante una crisis a la que no ven salida.
Frente a estos hechos, una de las formas de rechazo de la comunidad internacional es no respaldar a un gobierno que le ha dado la espalda a su pueblo en aras de los intereses particulares de quienes lo gobiernan. Los Estados no pueden y no deben permanecer indiferentes, ni siquiera a propósito de un respaldo ideológico, cuando el atropello a los derechos humanos es evidente.