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Diario Expreso Ecuador

La selección es un blanco

El histórico triunfo de Ecuador contra Alemania devuelve la perspectiva y alivia la hostilidad construida por un sector del periodismo deportivo

Once jugadores -la Selección- que nacieron en realidades muy duras, asumen la responsabilidad de cargar con el ánimo y las esperanzas del país.

Once jugadores -la Selección- que nacieron en realidades muy duras, asumen la responsabilidad de cargar con el ánimo y las esperanzas del país.Archivo Expreso

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Nuestra selección es, desde hace décadas, uno de los pocos lugares donde el país logra encontrarse. Alrededor de esa camiseta confluyen nuestras regiones, nuestras realidades y nuestras diferencias. En cada partido, Ecuador celebra o sufre al unísono, y con mucha más intensidad si hablamos de un Mundial.

Esa condición es hermosa, pero también profundamente delicada e injusta. De pronto, once jugadores que nacieron en realidades muy duras asumen la responsabilidad de cargar con el ánimo y las esperanzas del país. Si ganan, las calles recuperan alegría. Si pierden, parece que nada funciona en Ecuador.

Por eso, el triunfo contra Alemania fue algo muy especial. A la selección la respetan más afuera que adentro del país. No bastó terminar segundos en la eliminatoria, pese a haber empezado con tres puntos menos. Desde hace meses, voces del periodismo deportivo han construido, consistentemente, una realidad paralela: una en la que tenemos un DT que convoca jugadores para beneficiar a un club, un presidente de la FEF que se robó una elección y una generación destinada a ser la “decepción de oro”. Las infamias se dirigen a tres personas con distintas jerarquías: al capitán y máximo goleador histórico de la selección, al presidente de la FEF y al director técnico. Así, un sector de la opinión pública, con eco en la hinchada, encuentra formas de afectar el trabajo y el equilibrio de jugadores, cuerpo técnico y dirigencia.

Dejar las críticas y dar respaldo

Sí, claro: pueden hacerse críticas sobre convocatorias y rendimiento del equipo. Obvio. Lo que no cabe es construir un clima de hostilidad alrededor de un grupo que ya ha probado sus capacidades. Eso solo se explica si comprendemos que el fútbol también es un espacio de poder, intereses y narrativas. La selección no solo es un símbolo; también se ha convertido en un blanco, pues pocas cosas son tan eficaces para sembrar desazón en la sociedad como capitalizar su fracaso. La victoria ante Alemania no borra sus falencias pero sí pone muchas cosas en su lugar: devuelve perspectiva, restituye equilibrio y alivia una montaña de presión innecesaria. Fue una auténtica hazaña. Momento ideal para hacer nuestra parte: generar un clima de respaldo, unión y esperanza. El equipo se ha ganado ese derecho y ha demostrado, en la cancha, que lo merece.

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