Actualidad
Crisis de honestidad
La grave crisis fiscal y económica que sufre el país ha provocado una multiplicidad de opiniones desde diversas ópticas o tesis, proponiendo medidas para superar la situación. Hay quienes piensan que lo prioritario es recuperar los miles de millones que por actos de corrupción reposan en paraísos fiscales o a nombre de testaferros, cuyos montos son muy superiores al subsidio que el Estado asume por combustibles, señalando que si se hubiese actuado honestamente no fuera necesario suprimirlos, por lo menos por ahora.
El Gobierno ha tenido mucha prudencia en tomar decisiones. Se lo califica de indeciso ante la ausencia de una definición que establezca un modelo de gestión, comenzando por precisar el rol del Estado, que no puede dejar de ser regulador y facilitador de las actividades personales.
Está vigente una nueva ley de fomento productivo que busca reactivar una economía en evidente recesión. Queda pendiente definir un plan económico; lo que se anunció es un plan de ahorros en el campo fiscal, fusionando o eliminando algunos ministerios y entidades públicas, suprimiendo personal de seguridad, pago de celulares, de combustibles, ahorrando en administración de empresas públicas. Se elevó el precio de la gasolina Súper, que no tendría mayor impacto social. Todo tiene una causa y el Gobierno la identifica en el irresponsable derroche, falta de austeridad, aumento desmesurado de empleados públicos, excesivo endeudamiento del anterior gobierno, lo cual es cierto, por lo que no se justifica que se lo haga culpable de un problema heredado.
Se ha propuesto un amplio diálogo que debe guiarse por objetivos nacionales de corto y mediano plazo. Es hora de ser sinceros, que es la mejor manera de ser honestos; no es justo que en momentos difíciles para el país se actúe por conveniencias, lo cual tampoco es correcto.
Recordemos la lección del gran dramaturgo inglés William Shakespeare: “Ningún legado es tan rico como la honestidad”, o lo que decía Mahatma Gandhi: “ La honestidad es incompatible con amasar una fortuna”. Si no superamos la crisis de honestidad, el futuro del país se oscurecerá más.