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Crisis, ciudadania y elecciones
La actual crisis económica y la contracción monetaria del país, no solo condiciona sino que además determina el accionar de las personas, las empresas y el gobierno, aunque este no reconozca que vive un período recesivo. Por eso lo mejor que pueden hacer todos los partícipes del proceso electoral es no ignorar ni negar este hecho que afecta al Ecuador. De ahí que el primer deber de los partidos, líderes y candidatos a las diferentes dignidades que se disputarán el 19 de febrero es el de ser objetivos, honestos y transparentes. Es decir, que no ignoren u omitan esta realidad crítica que incide en todos los sectores económicos y sociales.
Esto implica compromiso y un deber de seriedad política. En sus programas y propuestas tiene que constar esta situación, pues presentar un país idílico, con una “economía solvente” y que “ha salido de la crisis”, no es muestra de sinceridad. La propia realidad los está llevando a todos a la necesidad de decirles a sus electores por qué se ha producido la crisis, qué factores y agentes económicos la estimularon y por qué no se sale de ella.
Pero hay más. También tienen el deber moral de ser francos, libres de ambigüedades y prácticos al momento de proponer soluciones y salidas reales, viables y posibles.
En el actual contexto que vive la economía del país no se puede ni se debe proceder demagógicamente. Las cifras y los indicadores de la crisis fiscal, presupuestaria, del incremento de la deuda externa, de la interna y su servicio, de la caída de la inversión pública y privada, de la inseguridad, el desempleo, la pobreza, la desnutrición infantil, etc., están a la luz pública. Esos números señalan una situación real y no deben ser manipulados, escondidos o escamoteados.
Este es el escenario que hoy vive el país y por lo tanto debe motivar a que los distintos candidatos de las diferentes agrupaciones políticas y de sus partidos, sean claros y concisos en sus programas y propuestas. No es honesto que prometan lo que la realidad de la situación económica del Ecuador no puede generar. Este es el primer compromiso que la ciudadanía espera de ellos.
Llegó la hora de la verdad y de las promesas serias. Los electores demandan sinceridad. Esto es lo que pide la sociedad; una gran exigencia, un deber ético y político de todos los candidatos.