Actualidad
El Cogep: un gran desafio
desde hoy, 23 de mayo del 2016, entra en vigencia el Código Orgánico General de Procesos (Cogep). El Cogep es un gran desafío, tanto para los abogados en el ejercicio de la profesión como para los jueces y operadores de justicia, porque este nuevo sistema procesal civil encierra una reforma encaminada a mejorar la calidad de la justicia, a fin de que esta cumpla con el principio fundamental de la inmediación. Esta permitirá que la justicia ya no tenga que ser aquella de la que se suele decir que “tarda, pero llega”, sino que, ojalá, sea una justicia que cumpla con la celeridad de la que habla la Constitución de la República.
Es un reto, asimismo, porque va a practicarse con buen criterio, y esperamos que tenga éxito la oralidad, que es, indiscutiblemente, un instrumento de gran importancia para la tramitación de un proceso judicial, debiéndose entender con absoluta claridad que dicha oralidad es un medio para alcanzar un fin.
La Constitución de la República en el artículo 168 dice que la sustanciación de los procesos en todas las materias, etapas y diligencias se llevará a cabo mediante el sistema oral, de acuerdo con los principios de concentración, contradicción y dispositivo.
Es un gran desafío para los abogados porque están en la obligación de ejercer la oralidad con profundo conocimiento jurídico, lo que significa que deben tener concepto claro de la oratoria forense, para que pueda decirse entonces que en los juzgados y tribunales hay hombres y mujeres que mediante el uso correcto de la palabra jurídica, no vencen sino que convencen a los jueces.
Y por otra parte, igualmente, constituye un reto para los jueces, porque de acuerdo con el Cogep, deben dictar sus sentencias inmediatamente después de verificada la audiencia final. Esto exige que los jueces también sean jueces de verdad, conocedores del derecho, probos, honestos e independientes.
Finalmente, creemos que las leyes pueden ser buenas y que pueden reformarse, pero fundamentalmente estamos convencidos de que si no hay una justicia independiente, de nada valen las leyes, sean estas buenas o malas.
colaboradores@granasa.com.ec
desde hoy, 23 de mayo del 2016, entra en vigencia el Código Orgánico General de Procesos (Cogep). El Cogep es un gran desafío, tanto para los abogados en el ejercicio de la profesión como para los jueces y operadores de justicia, porque este nuevo sistema procesal civil encierra una reforma encaminada a mejorar la calidad de la justicia, a fin de que esta cumpla con el principio fundamental de la inmediación. Esta permitirá que la justicia ya no tenga que ser aquella de la que se suele decir que “tarda, pero llega”, sino que, ojalá, sea una justicia que cumpla con la celeridad de la que habla la Constitución de la República.
Es un reto, asimismo, porque va a practicarse con buen criterio, y esperamos que tenga éxito la oralidad, que es, indiscutiblemente, un instrumento de gran importancia para la tramitación de un proceso judicial, debiéndose entender con absoluta claridad que dicha oralidad es un medio para alcanzar un fin.
La Constitución de la República en el artículo 168 dice que la sustanciación de los procesos en todas las materias, etapas y diligencias se llevará a cabo mediante el sistema oral, de acuerdo con los principios de concentración, contradicción y dispositivo.
Es un gran desafío para los abogados porque están en la obligación de ejercer la oralidad con profundo conocimiento jurídico, lo que significa que deben tener concepto claro de la oratoria forense, para que pueda decirse entonces que en los juzgados y tribunales hay hombres y mujeres que mediante el uso correcto de la palabra jurídica, no vencen sino que convencen a los jueces.
Y por otra parte, igualmente, constituye un reto para los jueces, porque de acuerdo con el Cogep, deben dictar sus sentencias inmediatamente después de verificada la audiencia final. Esto exige que los jueces también sean jueces de verdad, conocedores del derecho, probos, honestos e independientes.
Finalmente, creemos que las leyes pueden ser buenas y que pueden reformarse, pero fundamentalmente estamos convencidos de que si no hay una justicia independiente, de nada valen las leyes, sean estas buenas o malas.
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