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Una cita con rosas pero sin mama
El de ayer no fue un domingo cualquiera, se celebró el Día de la Madre, y hasta en los panteones se vivió ese día con rosas y serenatas, solo que sin la homenajeada. Fueron cientos los visitantes que llevaron ramos a las tumbas del patrimonial Cementer

El de ayer no fue un domingo cualquiera, se celebró el Día de la Madre, y hasta en los panteones se vivió ese día con rosas y serenatas, solo que sin la homenajeada. Fueron cientos los visitantes que llevaron ramos a las tumbas del patrimonial Cementerio General de Guayaquil.
La vida es parte de la muerte, es un hecho aceptado por la humanidad; sin embargo, el perder a un ser querido nunca deja de doler. Y si se trata de mamá, no hay una fecha más dolorosa que visitar su tumba en “su día”.
Así lo expone Jesús América Garrido, quien sentada sobre una tumba eleva su mirada hacia donde están los restos de su madre, en el 17471 de la puerta 1. Sus ojos se humedecen al recordarla; no está con ella hace más de 20 años y cada año su visita incluye flores y elevar una oración por su descanso.
Entre las bóvedas blancas las flores multicolores adornaban el camino de los visitantes. Uno de ellos es David Freire, quien hace treinta años hace una parada habitual en la tumba de su mamá, donde también están ubicados los restos de su padre y hermano.
Entre las visitas y colocación de flores en las tumbas, los alzadores van ofreciendo sus servicios. Son hombres que limpian tumbas, retocan la pintura, dibujan letras y colocan flores en las bóvedas más altas.
Héctor López Coronel, de 23 años, trabaja desde niño en esta labor. Lo inició su padre, cuando tenía 9 años, ahora lo hace con su esposa Yulexy Suárez. Llegan los fines de semana para retocar letras borrosas y limpiar restos de flores en los sepulcros.
Jesús América le pide a dos jovencitos, Fortunato y Miguel, de 15 y 16 años, que la ayuden colocando las flores amarillas que compró para adornar la tumba de su madre.
David Freire le solicita el mismo servicio a Jimmy Franco, quien además es llamado por Janice Williams para utilizar su escalera. Quiso ser ella misma quien limpiara y colocara el ramo que compró.
A cambio, como pago, estos hombres reciben unas cuantas monedas. “Lo que sea su voluntad”, dice Jimmy, de 23 años, quien aprovechó la jornada de ayer para hacer este oficio esporádico, que realiza con su tío.
El de ayer fue un día especial, y aunque para algunos hijos la mujer que les dio la vida no estuvo físicamente, acudieron a rendirle un homenaje simbólico frente a sus tumbas. KSG