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Chavismo academico
Apenas acaba de cumplir seis meses de aprobada por la Asamblea Nacional la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES); está en la Presidencia para el respectivo trámite el Reglamento General de dicha LOES; y recién hace un par de semanas, el Consejo de Educación Superior publicó el nuevo Reglamento de Régimen Académico (RRA), que rige la estructura del sistema, cuando se presenta ya, en la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional, una insólita reforma a la LOES por parte de la asambleísta Viviana Bonilla, con el objeto de regular, en el más puro estilo populista, sin ningún estudio serio del tema, una “ley de maestrías”, que intenta poner techo a los valores de estos programas de cuarto nivel en el país con el pretexto de que se cobra demasiado por ellos.
La exposición de motivos del proyecto se mueve entre la generalización y los prejuicios: tiene como marco de referencia a la LOES 2010 cuando está vigente la de 2018; generaliza sofísticamente cuando apela al derecho a la educación y su libre acceso, según el art. 3 de la Constitución, pero olvida que este derecho se refiere a la educación inicial, secundaria y a la gratuidad en el tercer nivel, no al ámbito de las maestrías. Se citan artículos pero no se explica su pertinencia en relación con el objeto. La comparación de precios de maestrías, a base del estudio del ‘ranking’ de QS, compara peras con manzanas: cita precios de universidades públicas, financiadas totalmente por el Estado y de una cofinanciada, para contraponerlos a los de las particulares ecuatorianas, que no reciben ninguno.
Quien quiera proponer reformas a la educación superior, deberá definir primero qué entiende por calidad académica. No se trata de echar mano de un ‘ranking’. Hay tantos como aspectos tiene la calidad. ¿Puede medir un ‘ranking’ institucional la calidad de los posgrados? ¿No hay un consenso de las universidades latinoamericanas sobre la necesidad de un ‘ranking’ regional? Los simplismos, que se destinan a las galerías, son nefastos en América Latina. Gracias a ellos, Venezuela vive en la oscuridad.