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Diario Expreso Ecuador

Realeza sueca

Carlos Gustavo y Silvia celebran aniversario matrimonial: Medio siglo de amor real

Los monarcas de Suecia adelantaron los festejos por sus 50 años de casados con una jornada llena de homenajes, desfiles y una gala

Medio siglo después de su boda, Silvia y Carlos Gustavo continúan siendo una de las parejas más estables de la realeza europea.

Medio siglo después de su boda, Silvia y Carlos Gustavo continúan siendo una de las parejas más estables de la realeza europea.Instagram de Casa real sueca

Ingrid Balseca
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Los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia celebrarán sus bodas de oro, el próximo 19 de junio. Decidieron adelantar los festejos para evitar que coincidieran con el solsticio de verano y la víspera de San Juan, una de las festividades más importantes del calendario de ese país.

El día comenzó con un solemne Te Deum en la capilla del palacio real, antes de que los soberanos, él de 80 años y ella de 82, se dieran un baño de masas.

Primero, a bordo de la barcaza real por el archipiélago de Estocolmo y, luego, en un desfile en carruaje. Tras un primer concierto al aire libre, el broche de oro lo puso una función de gala en la Ópera Real, donde el Ballet, el Coro y la Orquesta de la Corte Real de Suecia ofrecieron un repertorio que arrancó con la marcha nupcial y entrelazó piezas de música clásica con otras de danza contemporánea.

La princesa Magdalena rindió su particular homenaje a su madre recuperando un vestido floral que estrenó hace más de dos décadas la reina Silvia, vestida por su parte con un sofisticado diseño de Georg et Arend.

La heredera Victoria acudió con un diseño color champán de Christer Lindarw, mientras que su cuñada, la princesa Sofía, optó por un estilo estival de la firma ByTiMo.

El evento sirvió además para afianzar los lazos de Carlos Gustavo con el resto de las familias reales. A pesar de notables ausencias como la del príncipe Haakon de Noruega, quien canceló el viaje por la salud de la princesa Mette-Marit, se contó con la presencia de los soberanos Harald y Sonja de Noruega, quienes lideraron la delegación de la realeza escandinava junto a la princesa Benedicta de Dinamarca, tía del rey Federico X.

Entre los invitados también destacaron Hisako de Takamado de Japón y miembros de las históricas casas como la de Serbia.

¿Cómo nació su historia de amor?

La historia de amor de los reyes de Suecia arrancó entre acreditaciones, delegaciones internacionales y el incesante movimiento de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972. Carlos Gustavo de Suecia era el joven heredero de una de las monarquías más antiguas de Europa. 

Ella, Silvia Sommerlath, una intérprete alemano-brasileña de 28 años que hablaba seis idiomas y llevaba una vida ajena a cualquier aspiración cortesana. Nadie imaginó entonces que aquel encuentro acabaría convirtiéndose en uno de los matrimonios más sólidos y longevos de las monarquías europeas.

Silvia no pareció impresionada por el hecho de estar delante de un príncipe. Quienes trabajaron con ella durante aquellos Juegos Olímpicos la recuerdan como una mujer extremadamente organizada, eficaz y discreta, más preocupada por resolver problemas de protocolo que por figurar en las fotografías. Esa naturalidad conquistó al heredero sueco.

Su historia no fue un cuento de hadas convencional. Durante cuatro años protegieron su relación de la curiosidad pública. El entonces príncipe viajaba discretamente a Alemania para verla. 

Mientras, en Suecia todavía se debatía cómo sería recibido que un rey se casara con una mujer sin sangre real. Aquella decisión suponía un paso importante hacia una monarquía más moderna y cercana a la sociedad.

Silvia tampoco encajaba en el estereotipo de princesa. Había nacido en Heidelberg en 1943. Hija de un empresario alemán y de una brasileña, creció entre Alemania y São Paulo y desarrolló una carrera profesional propia en el protocolo internacional. Era una mujer cosmopolita e independiente en una época en la que pocas futuras reinas llegaban al trono con semejante preparación profesional.

El 19 de junio de 1976 llegó el gran día. Era la primera boda de un monarca reinante sueco desde finales del siglo XVIII. Más de 200.000 personas abarrotaron las calles de Estocolmo y cientos de millones siguieron la ceremonia por televisión. 

La novia estaba tan nerviosa como cualquier otra. Las crónicas cuentan que repetía una y otra vez el nombre completo de su futuro marido, Carl Gustaf Folke Hubertus, para evitar equivocarse durante los votos. También llevaba sujeto a la muñeca un pequeño pañuelo por si la emoción terminaba imponiéndose.

Se ganó a la gente

Pero el verdadero legado de Silvia empezó después del “sí, quiero”. Lejos de limitarse al papel ceremonial, impulsó iniciativas pioneras en favor de la infancia vulnerable, la lucha contra la explotación infantil, las personas con demencia y el apoyo a los cuidadores. 

La creación de la World Childhood Foundation o de Silviahemmet consolidó una forma de entender la Corona basada en el servicio. Esa labor ha hecho que buena parte de la prensa internacional la considere una de las reinas consortes más influyentes y respetadas de Europa.

No todo fue fácil para la reina

No todo fue fácil. Silvia tuvo que afrontar la polémica sobre el pasado nazi de su padre y soportar las informaciones publicadas hace más de una década sobre las supuestas infidelidades del rey. 

Nunca respondió. Su discreción reforzó la percepción ciudadana de que era ella quien aportaba buena parte de la estabilidad emocional de la monarquía sueca.

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