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Carlos Abella: “La independencia de Cataluna tambien afectaria a Ecuador”

Casi imperceptible en el tiempo, de repente se ha desatado una tormenta de consecuencias incalculables a esta altura.

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Casi imperceptible en el tiempo, de repente se ha desatado una tormenta de consecuencias incalculables a esta altura. El problema de España con Cataluña (el vasco está ahora adormecido) levanta escollos aparentemente infranqueables. El asunto tiene su entramado: una aspiración catalanista que se luce fuerte frente a la quiebra de la Constitución que da armonía a la diversidad de España. Ceder al ruido indeterminado de la calle, o defender las reglas del juego, este es el dilema para tomar posición. Ante el atolladero, Carlos Abella se despoja imaginariamente de su cargo y lo aborda desde la atalaya de un ciudadano español, europeo y demócrata; para concluir: “Que nadie se deje engañar”.

- ¿Por qué una parte de Cataluña se siente incómoda en España?

- La primera trampa inducida es trasladar la imagen de que son todos. No es cierto, es solo una parte que responde a sus propios intereses. España está configurada como un Estado de las Autonomías con el mayor autogobierno de Europa. Cataluña tiene instituciones propias: Gobierno, Parlamento, Policía, tribunales de Justicia. Y también competencias de administración exclusiva tan importantes como la Sanidad y la Educación.

- Si Cataluña se declarara unilateralmente independiente mañana, como está anunciado, ¿cuál es el escenario que se viene?

- Mejor no adelantar acontecimientos. Yo pienso que prevalecerá la fortaleza del Estado de Derecho, los principios de la Unión Europea (UE) y el sentido común. Juntas las tres se evitará una situación que perjudicará más que a nadie a los propios catalanes por la quiebra de su convivencia, con independencia de cuál sea su ideología.

- Como la imagen vale más que mil palabras, la percepción se sitúa a menudo por encima de la realidad. Se han visto protestas masivas en la calle, enfrentamientos con la policía, heridos. Cómo explicarle al mundo y convencerle de que la razón no está del lado de los independentistas catalanes.

- España es un Estado democrático y de derecho donde se puede expresar cualquier opinión, pero siempre cumpliendo la ley. No hay que dejarse engañar por unos titulares o por unas imágenes. Hay que conocer lo que está sucediendo y analizarlo desapasionadamente. ¿Qué se pensaría en Ecuador si un prefecto y tres partidos de una provincia decidiesen rebelarse contra la Constitución y la ley, y declararse independientes? Las instituciones están defendiendo la Constitución, la ley y el Estado de Derecho.

- ¿Puede ser que la confrontación, percibida como represión, haga ganar adeptos y simpatías al independentismo catalán?

- Los datos son los importantes, las percepciones no. El referéndum fue un simulacro de consulta sin respaldo legal, garantía ni validez alguna. Ha sido una falsificación de la democracia. Esta es la verdadera realidad catalana, según los resultados de las últimas elecciones celebradas allí, el 26 de junio de 2016: los tres partidos independentistas, los que han promovido la secesión, un millón cien mil votos. Los partidos por la Constitución y la convivencia armónica en el Estado de las autonomías español, un millón cuatrocientos mil votos. Esa es la realidad.

- Cómo se soluciona este conflicto; las partes se encuentran en distancias siderales.

- Primero hay que restablecer el orden constitucional y democrático. A partir de ahí España ha demostrado desde 1978, cuando se recuperaron las libertades, una total capacidad para integrar las distintas visiones y sensibilidades políticas.

- Qué pierde España sin Cataluña.

- No lo planteo. Si sucediera esa hipótesis perderían todos.

- Qué pierde Cataluña sin España.

- Tampoco los planteo. En esa hipótesis, perderían Cataluña, España, Europa y el mundo.

- Resulta difícil comprender que un conflicto interno español afecte a la vez al planeta, cómo se explica eso.

- Vivimos en un mundo globalizado con consecuencias inmediatas sobre todo lo que ocurre. Una secesión antidemocrática en España, y consecuentemente en Europa, tendría un efecto negativo en el resto del mundo. En Iberoamérica, por ejemplo, se ha ido reforzando notablemente la democracia. Si se diera un hecho en Europa donde se quebraran a la fuerza las reglas democráticas del juego, el resultado global por contagio sería pernicioso.

- Dicen los independentistas que Cataluña seguirá perteneciendo a la Unión Europea y que sus ciudadanos podrán optar por la doble nacionalidad, la catalana y la española. ¿Es eso posible?

- Es rotundamente falso, un eslabón más en la cadena de utopías infantiles que difunden. Cataluña está en la Unión Europea porque es parte de España. Todo su entramado político, económico y financiero, más todos los instrumentos de cooperación, se vendrían inmediatamente abajo si quedara fuera. Cataluña tendría que comenzar de cero para ingresar en la UE, con un efecto tormentoso para su economía y una pesadísima carga burocrática de años donde tendría que negociar uno a uno todos los tratados con cada uno de los 28 países.

- Ya es un hecho que hay fuga de empresas y capitales de Cataluña. Dado que el sentimiento de pertenencia y el calor de la buena economía son habitualmente indisolubles, ¿será esa una vía para convencer al independentismo que la separación de España es un error?

- Esas fugas reflejan lo que es la realidad y no la fantasía. El ciudadano se está expresando mejor por estos hechos que por el simulacro de consulta del 1 de octubre. Esta locura es muy negativa para España, pero muchísimo más para Cataluña.

- ¿Le ocurre algo a Ecuador si Cataluña se separa de España?

- Insisto, no contemplo el hecho. En la hipótesis, se calcula que Cataluña perdería el 25 % de su PIB. Inevitablemente eso tendría consecuencias en las relaciones comerciales que ahora tiene Ecuador con España.

- Lo lamento, pero insisto en el interés de la hipótesis: qué consecuencias tendría la separación para los ecuatorianos con estatus de residencia en España que viven en Cataluña.

- Esa es una buena pregunta. Creo que los promotores del secesionismo no se la han hecho. Pero quien no respeta a su propia gente peor a los extranjeros.

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