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Sueño. A peatones les da curiosidad cómo una adolescente tambalea. Sus ojos están cerrados, como si estuviera dormida.Captura de video

Los ‘caminantes’ del centro y el mercado activo de drogas duras

Jóvenes de conducta errática son parte del paisaje urbano de Guayaquil. Experta apunta a sustancias potentes, algo a menor escala que afecta a EE. UU.

Sus cuerpos se apagan casi por completo. De pie. Así permanecen como si estuviesen dormidos, por unos minutos, con sobresaltos. Hasta que se reactivan con los pitos de los carros y los gritos de las mujeres que anuncian que están por salir los taxirrutas.

Ellos vuelven a encorvar su torso, a mover los brazos como monigotes inflables de publicidad. Vuelven a sus andanzas, mientras la curiosidad atrapa a los pocos peatones que bajan la velocidad de sus pasos, por la calle Primero de Mayo y Pedro Moncayo, entre las 20:00 y la madrugada del siguiente día.

Karelys, una inmigrante venezolana que vende caramelos, relata este tipo de episodios, que se han vuelto cotidianos en el paisaje urbano del centro de Guayaquil, que describen los efectos de las drogas duras en el organismo de adolescentes y jóvenes.

“Los deja como zombies. Un chico que conocí, que me compraba, se desapareció unas semanas y cuando volví a verlo estaba comiendo basura de uno de esos tachos, y estaba flaquito”, cuenta la mujer de unos 35 años, mientras mueve su cabeza de un lado a otro como señal de impotencia.

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Esos comportamientos también han quedado registrados en imágenes y videos que recopila y analiza una especialista.

“Las conductas que estamos viendo, de chicos que se doblan, como zombie, como en Filadelfia (Estados Unidos), son conductas de mezclas de otras sustancias como metanfetaminas. Eso no es normal de la H (droga hecha con heroína y otros compuestos tóxicos)”, sostiene la doctora Julieta Sagnay, experta en el tratamiento de adicciones.

El problema es más complejo del que la comunidad conoce, advierte la doctora: “Hoy atendí a una joven que, según ella, consumía metadona. No tenemos metadona en el país, pero sí sabemos que hay extranjeros que traen a revender. La metadona es el antídoto de la heroína. Es una droga que provoca una seria dependencia”.

En su exposición, ella también menciona al fentanilo, un fármaco para tratar el dolor, de difícil acceso para un ciudadano promedio, pero que es usado como droga por ciertos doctores, enfermeras y anestesiólogos. Hay casos de profesionales que ya han desarrollado una adicción, menciona la especialista.

Además de la H, en Guayaquil, Durán y Samborondón se consumen otras drogas duras o sintéticas, como éxtasis, LSD, anfetaminas, 2CB (conocida erróneamente como coca rosa y que estaría llegando de México, según una fuente) y fármacos que se usan para sedar a pacientes, por ejemplo.

Este Diario solicitó una entrevista y cifras al Ministerio de Salud para conocer más detalles de la problemática del consumo de drogas duras, pero sigue pendiente la cita y la información.

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Sin embargo, una muestra que podría dar un vistazo a este rompecabezas que afecta a cientos o miles de familias surge de los registros del Instituto de Neurociencias de la Junta de Beneficencia de Guayaquil (JBG). Ahí, los internamientos a la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) por el consumo de múltiples drogas han escalado de 71 pacientes en 2019 a 126 en 2022, más hombres que mujeres, de entre 26 y 30 años.

“La droga portera sigue siendo el alcohol, a edad temprana, acompañada de otras drogas como la marihuana y luego pasan a otras drogas más duras. También hemos tenido casos de pacientes que han iniciado con la conocida droga H”, apunta Diana Murillo, jefa de esa unidad.

Las drogas sintéticas y fármacos de venta restringida ingresan al país de contrabando, por aeropuertos y pasos fronterizos, sobre todo, por el sur, de acuerdo con fuentes consultadas.

Según las investigaciones policiales, ciudadanos ecuatorianos o nacionales de España, Italia, Bélgica, Holanda y otros países ingresan las pastillas camufladas en sus prendas de vestir, en medio de otros fármacos o justificándolas como medicina prescrita por un doctor (en los casos de que se trata de un fármaco real) para revenderlas.

“Son pequeñas estructuras de microtráfico. Hemos tenido aprehensiones en algunos sectores considerados de alta plusvalía, en bares y discotecas, y en casos en que personas han perdido la vida por sobredosis”, detalla Pablo Ramírez, director general de Investigación Antidrogas, de la Policía Nacional.

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El oficial cita que en el 2022 sacaron de circulación 1.217 unidades de LSD -un alucinógeno-, cuando en 2019 se incautaron 4.692 láminas del químico.

La compra y venta de drogas duras y fármacos también se evidencia en la tienda de Facebook, a través de anuncios que utilizan palabras clave para no alertar a la plataforma o autoridades. “Envío a todo el Ecuador”, se lee en un posteo donde aparecen varios potentes antipsicóticos y benzodiacepinas, que actúan sobre el sistema nervioso.

Google también registra el interés didáctico o no de usuarios ecuatorianos por ciertas drogas. Las consultas sobre éxtasis se han hecho con mayor frecuencia desde Loja, Guayaquil, Ambato, Quito y Samborondón, en los últimos doce meses. Esta última ciudad del Guayas aparece en primer lugar por consultas con el término “cocaína”.

La oferta de drogas duras está en las calles, en internet y en círculos cerrados de zonas exclusivas, donde una pastilla puede costar $ 25, $ 30 o más: la otra cara del consumo de estupefacientes, que padres de familia y autoridades también deben tener en el radar.