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Cambio necesario
Decía el autor de La decadencia de Occidente que cuando todo falla es siempre un pelotón de soldados el que salva la civilización.
En Venezuela una dictadura intonsa, atrabiliaria y rapaz se mantiene sostenida políticamente por el castrismo y se asienta sobre la sangre de más de un centenar de víctimas que han caído por las balas de la guardia pretoriana del dictador Maduro.
Pero, al parecer, se está integrando ese pelotón de soldados que pueden salvar la civilización perdida en la patria de Bolívar.
Se ha guardado en un profundo secreto el apresamiento de más de doscientos integrantes de las Fuerzas Armadas, acusados de actitudes subversivas, y un comando acaba de atacar una base del madurismo. A este se lo acusa de terrorista, cuando el terror en ese país proviene del Gobierno, que instala una Asamblea Constituyente espuria, con el oculto propósito de incrementar el dominio de Maduro, que hace oídos sordos al clamor de buena parte de la comunidad internacional que, solidaria con la postura de la oposición, solo demanda la realización de elecciones libres, porque la Constituyente amañada únicamente servirá para solapar la violencia del régimen. Peor aún, si como sostiene la enorme oposición venezolana, la elección de los diputados constituyentes ha sido una tragicomedia con la cual se ha burlado a todo un pueblo y se ha pretendido engañar al mundo civilizado.
Claro que si opera el pelotón de soldados en ese país, su acción solo debe ser absolutamente limitada a restablecer los derechos y la independencia venezolana, porque sería muy grave reemplazar a una dictadura por otra.
Las dictaduras largas, endulzadas con los goces del poder, en lugar de ser soluciones adecuadas para los problemas que se pusieron en sus manos suelen ser verdaderos flagelos para los pueblos y causan en las filas castrenses graves y frecuentes enfrentamientos, incluso en luchas armadas. Venezuela debe ir rápidamente a un régimen de derecho que ponga a sus ciudadanos en el verdadero margen de las garantías que otorgan siempre las constituciones aprobadas legítimamente.