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La calle Costanera se torna una vitrina de gastronomia
Más locales han abierto en los dos últimos años. La arteria comercial enlaza a las ciudadelas Quisquís y Mapasingue. La actividad también afecta al tránsito.

Una diversidad de aromas invade la zona. En una de las esquinas de la calle Manuel Rendón Seminario, más conocida como Costanera, el olor a morocho y empanadas se ha instalado con fuerza. Pero en la acera de enfrente, el olor a hamburguesas, papas fritas y chorizos también tiene protagonismo. Unos pasos más y los típicos platos de arroz con menestra y carne, pollo y chuleta llaman la atención. Más adelante, hay arepas, pollo hornado y más opciones.
La hilera de negocios que atienden hasta altas horas de la noche se concentra en seis cuadras, desde el inicio de la ciudadela Quisquís, partiendo de la calle Víctor Emilio Estrada de la ciudadela Urdesa, hasta la intersección con el callejón 15 y la avenida Enrique Ortega.
Nadie sabe si es por la calle, que es bastante concurrida, o si es porque esta enlaza a la ciudadela Quisquís con Mapasingue. Lo cierto es que esa vía se ha convertido en una popular vitrina de gastronomía. En menos de dos años, los locales de comidas entre restaurantes, carritos ambulantes y puestos al aire libre se han duplicado. Hay al menos 25 locales. Y hace un año, no llegaban a 15.
“Antes yo tenía que ir con mi esposa y mis hijos hasta Urdesa cuando decidíamos comer fuera. Ahora solo camino unos pasos y tengo variedad”, dice Eloy Briones, quien lleva sus 70 años de vida residiendo en Costanera y el callejón 40.
En el sector se asientan varias instituciones educativas: tres colegios y la Facultad de Comunicación Social (Facso), de la Universidad de Guayaquil. Por eso, Madelayne Villalta, moradora de la ciudadela, cree que la zona se vuelve cada vez más comercial: “Los negocios se han expandido porque siempre hay estudiantes que buscan dónde desayunar, almorzar y cenar”, afirma.
Y aunque la inseguridad ha afectado a ese sector, algunos vecinos, estudiantes y visitantes sienten que el movimiento comercial nocturno ha ahuyentado en algo a los antisociales. Aunque a cambio de eso, el tráfico vehicular, por allí, se siente más que antes.
“De tanto caminar por la ciudad me encontré con este sector. La vida nocturna que tiene me gustó y por eso aquí ubiqué mi negocio”, cuenta Jandy Figueredo, un joven venezolano que desde hace 10 meses ofrece arepas de carne y pollo.
Marcelo González, propietario de ‘Mi Fogón’, otro de los asaderos del sector, decidió hace menos de dos años abrir allí, también después de observar el dinamismo en la zona. “Hace cinco meses amplié el local para acoplar el espacio a la demanda de clientes”, resalta.
Esto atrae incluso a quienes no residen allí. “Yo vivo en Urdesa, pero suelo venir a comer acá porque además de que encuentro comida a altas horas de la noche, todo me resulta más económico”, dice John Yépez, un empresario que visita la calle junto a su familia.
“Vengo desde la urbanización Matices, en La Aurora, porque me gusta la comida de por aquí y tienen buen precio”, cuenta Dolores Rosado, una maestra quien frecuenta uno de los asaderos.