Prevenir o apagar
Ecuador enfrenta el estiaje de 2026 con una generación termoeléctrica promedio de 875 MW y una demanda cercana a 4.500 MW

Ecuador entra al estiaje de 2026 con una generación termoeléctrica promedio de 875 MW y una demanda cercana a 4.500 MW.
Ecuador entra al estiaje de 2026 con una señal que no admite distracciones: la generación termoeléctrica promedio apenas alcanza 875 MW, ante una demanda cercana a 4.500 MW. Cuando los caudales disminuyen y la hidroeléctrica pierde capacidad, surge una pregunta inevitable: ¿tenemos suficiente respaldo para evitar nuevos apagones?
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El riesgo puede surgir por varios factores: la combinación de menor hidrología, reducción de las importaciones desde Colombia y una demanda creciente. La vulnerabilidad energética nace de producir poco y no disponer a tiempo de un margen suficiente para responder ante la necesidad.
La responsabilidad es de todos. El Estado debe garantizar generación, combustible, mantenimiento, transmisión y planificación. Las empresas de alto consumo deben cumplir sus compromisos de autogeneración y eficiencia. Los ciudadanos debemos evitar desperdicios de energía, apagando, desconectando lo innecesario y adoptando hábitos racionales que reduzcan la presión y el consumo, ante la escasez energética.
El desafío de actuar antes del déficit eléctrico
La prioridad es actuar antes de que el déficit se convierta en emergencia, urgencia o apagón.
Incorporar nueva generación, asegurar combustible, fortalecer la transmisión y monitorear los caudales debe ejecutarse de inmediato. Esperar a que falte energía para reaccionar revelaría que no aprendimos la lección de 2024.
El verdadero problema no comienza cuando se apaga la luz. Comienza cuando los indicadores advierten que podría faltar energía y las decisiones no se toman a tiempo. Ecuador conserva margen para prevenir una nueva crisis, pero el estiaje no espera decisiones burocráticas.
La energía sostiene producción, empleo y bienestar. Prevenir una crisis eléctrica no puede ser tarea exclusiva del Gobierno. Exige Estado, empresas y ciudadanía actuando con la misma prioridad. La pregunta ya no es si podemos reaccionar ante el próximo apagón, sino si tendremos la responsabilidad de impedirlo. El país debe exigir información, cumplimiento y resultados; cada ciudadano debe usar la energía con responsabilidad. Prevenir también es una forma de responsabilidad nacional.