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La calidad de la obra publica
Sin duda, el periodo invernal es el mejor fiscalizador respecto a establecer la calidad de la obra pública realizada en el Ecuador.
Vista la situación actual, queda claro que pese a los sobreprecios con que se contrató un buen volumen de ella, la calidad se manifiesta afectada presumiblemente en razón de las altas coimas que se debió pagar a quienes las adjudicaban.
En efecto, de la red vial, para poner un ejemplo vinculado a la actividad cotidiana de todos, solo se mantienen en relativo buen estado los tramos de carreteras construidos en gobiernos anteriores. Las ampliaciones y las nuevas vías inauguradas con gran pompa siguen manteniendo las características que presuntamente se presumía superarían, dados los altos costos y las nuevas tecnologías, y ahora, muchas de ellas están inhabilitadas. La corrupción determinó que resulten caras y de mala calidad.
Así, a la fecha, ni siquiera una comunicación terrestre vital para el desarrollo nacional, la carretera que une Quito con Guayaquil, se encuentra viable en ninguna de las rutas tradicionales, sea por la Bucay-Pallatanga-Riobamba, múltiples veces reparada, o por la de Alóag- Santo Domingo de los Tsáchilas. Se ha prometido que hoy estarán funcionales.
(Lo menos que podría esperarse luego del ingreso petrolero incrementado, era una buena conexión entre la capital de la República y el Puerto Principal.)
Por otro parte, la mala manera de los diseños y de las construcciones, realizadas para ahorrar costos e incrementar ganancias, condena a sus usuarios a estar sometidos a una alta accidentalidad y a constantes riesgos de derrumbes que cobran, en ocasiones, una alta cuota de vidas humanas.
Día a día las noticias traen la mala nueva de víctimas en todas y cada una de las provincias.
Es cierto que la temporada invernal incrementa los incidentes antes descritos pero, justo por ello, dado que esas características climáticas son de sobra conocidas, la calidad de la obra pública debería de tener muy presentes las condiciones que enfrenta y actuar como corresponde para prevenir los asentamientos y derrumbes.
Por el estilo, se han seguido construyendo escuelas y hospitales que no resistieron sismos de mediana intensidad pero que además se efectuaron en terrenos afectados por fallas geológicas y sin acceso fácil.