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Atentado terrorista
Expertos en explosivos de Colombia y EE. UU. peinaban la zona en que el sábado anterior un coche bomba explotó junto al cuartel policial de San Lorenzo, en Esmeraldas, destruyendo el edificio e hiriendo a 23 personas, en su mayoría civiles (por suerte ninguna de gravedad), afectando también a casas vecinas, 37 de las cuales deben ser reconstruidas o reubicadas. La investigación se está haciendo con ayuda de cuatro oficiales técnicos del FBI y tres peritos colombianos, para determinar la carga explosiva y el químico utilizado como detonante de la bomba, y así investigar su procedencia. “Estamos frente a actos de terrorismo realizados por bandas muy peligrosas asentadas en San Lorenzo”, expresó el gobernador de Esmeraldas, Pablo Hadathy.
Es probable que sea la primera vez que se da en Ecuador un atentado de este tipo, usual en la Colombia de Escobar de hace pocos años. Esto ha causado preocupación en el país en el sentido de que no estamos preparados para hacer frente al “terrorismo, como suele decirse sin deslinde de las mafiosas acciones propias del narcotráfico y reviviendo viejas hipótesis de defensa, como las contenidas en el llamado “libro blanco” de las FF. AA., que establecía las políticas de defensa nacional bajo varios escenarios: incursiones guerrilleras, tráfico de drogas, etc. Y que, al decir del general retirado Oswaldo Jarrín, uno de sus creadores, quedó en el olvido en 2007, además del desmembramiento de un servicio de inteligencia militar que, de la defensa nacional pasó a la política a través de la Secretaría Nacional de Inteligencia (Senain). Pero lo que no dice es que el servicio de inteligencia militar del país había estado hasta entonces y hacía por lo menos diez años, prácticamente subordinado al de inteligencia de los EE. UU., al que Jarrín informaba en primer lugar; y que cuando el presidente Correa, que ya había sacado del país la base militar de Manta, lo supo y le pidió entregar las computadoras con sus archivos y discos duros, Jarrín le informó que eran de propiedad del Gobierno norteamericano. Esto es lo que el país no debe olvidar, como solía recalcar el presidente Correa, porque estaban en juego la dignidad y soberanía del país, no las maliciosas hechuras de estos días para torcer su destino y mediocrizar su historia.