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Diario Expreso Ecuador

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Asamblea: nada es lo que parecia hace nueve meses

El bloque de PAIS se ha desmembrado en varios grupos. José Serrano opta por las comisiones ocasionales. Presidentes de comisiones se quedan solos.

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El nuevo mapa político de la Asamblea Nacional no es lo que los correístas proclaman. Ellos aseguran ser el segundo bloque del Pleno. La verdad es muy distinta. De los 74 asambleístas que en mayo de 2017 constituyeron el bloque oficialista, apenas 16 se han desafiliado. Diez más se autocatalogan como disidentes; hasta el momento continúan fieles a la causa correísta, pero su decisión de separarse del bloque original no ha sido oficializada. Frente a ellos, 48 legisladores de las filas de Alianza PAIS continúan votando disciplinadamente por el morenismo.

Entretanto, el bloque de CREO tiene, en los papeles, mayor representatividad que el correísmo: 33 legisladores, de los cuales hay que restar los que empezaron a actuar de forma independiente a partir de la elección de vicepresidente de la República (Franco Romero, Fernando Burbano...). De qué manera esta correlación de fuerzas influye en el funcionamiento de la Asamblea, el CAL y las comisiones es algo que está por verse.

El fin de semana, un comunicado del bloque morenista ponía las cosas en su sitio: “Quienes se han desafiliado del Movimiento Alianza PAIS -decía- no pertenecen a bancada alguna”. Desde el punto de vista legal, tienen toda la razón. Hay ciertas formalidades jurídicas que se deben cumplir para constituirse como bancada: registrarse en los primeros cinco días después de la instalación de la legislatura; designar un coordinador oficialmente; presentar una agenda legislativa... Nada de eso (salvo la presentación de la agenda, que fue oficializada el pasado viernes) han hecho los correístas. Nadie pretende negar la influencia numérica de que gozan en el Pleno, pero en realidad no son una bancada. Eso les priva de algunos derechos. Participar de ciertas reuniones, por ejemplo.

Ayer, el presidente José Serrano se dio por notificado. Hasta ahora se había comportado de una manera bastante incluyente con respecto a las fuerzas políticas representadas en el Pleno; si había una decisión que requiriera del consenso de todos (como la de conformar una comisión ocasional para tramitar los resultados de la consulta popular, por ejemplo), convocaba a todos. Correístas incluidos. Ayer, luego de que su propio bloque negara a los correístas la condición de bancada, los excluyó de la reunión de jefes de bloque que mantuvo para analizar el procedimiento debido con respecto a las ternas enviadas por el Ejecutivo para la elección de miembros del Consejo de Participación Ciudadana de transición. La nueva formalidad jurídica que empezó a funcionar en la Asamblea acarrea un daño colateral: SUMA. Separados de la bancada de CREO a pocos meses de instaurada la legislatura, tampoco alcanzan a constituir, al igual que los correístas, una bancada propiamente dicha. La reunión de ayer no contó con su participación.

En las comisiones, el nuevo mapa político del Pleno empieza a surtir efectos. La multiplicación de las comisiones ocasionales es el más evidente. Para tramitar los resultados de la consulta, por ejemplo, habrían bastado las comisiones regulares: la de Régimen Económico para el tema de la Ley de Plusvalía y la de Participación Ciudadana para tratar el reglamento de elección del nuevo Cpccs. Pero la primera se encuentra en manos correístas (Pabel Muñoz preside la Comisión de Régimen Económico) y la segunda fue entregada por entero a la oposición, así que Serrano optó por el nombramiento de una nueva que las sustituya. El problema de la frontera norte debió ser tratado de oficio por la Comisión de Soberanía; pero con la cuestionada correísta Doris Soliz a la cabeza de esa comisión, Serrano prefirió constituir otra diferente.

Ayer, Soliz se quedó sola: la reunión de su Comisión que había convocado no tuvo cuórum. Siete disidentes que piden su dimisión prefirieron ofrecer una rueda de prensa a la misma hora para apoyar el nombramiento de la comisión ocasional (de la cual esperan ser miembros) y ratificar su pedido de renuncia a Soliz.

En otras comisiones la suerte de los correístas varía según el caso. En Educación, Augusto Espinosa, víctima de un boicot que lo dejo sin cuórum, tiene los días contados. Él decidió ausentarse hasta fin de mes pretextando trabajos de adecuación en su oficina. Mientras tanto, los miembros de la Comisión tienen ya lista una carta pidiendo su renuncia. En Justicia, en cambio, Marcela Aguiñaga parece inamovible. Ella ha demostrado eficiencia en el cumplimiento de sus obligaciones y suficiente flexibilidad como para consensuar con todas las bancadas. Nadie piensa removerla.

Mientras tanto, en el Pleno, los escaños de los correístas continúan mezclados con aquellos de los morenistas. En otros tiempos (solamente hay que preguntar a Fernando Bustamante) los escritorios de los disidentes eran alejados físicamente de inmediato. Todo parece indicar que, mientras correístas y morenistas continúen sentados juntos, la realidad política de la Asamblea continuará siendo incierta.

Las comisiones correístas

Educación

Augusto Espinosa, presidente de la Comisión de Educación boicoteado por sus miembros, decidió no aparecer hasta marzo. Mientras tanto, la carta en la que se solicita su renuncia, firmada por casi todos, está lista.

Soberanía

Siete de los doce miembros de la Comisión de Soberanía y Relaciones Internacionales piden la renuncia de su presidenta, Doris Soliz. Ayer la dejaron sin cuórum. La nueva comisión ocasional para tratar los problemas de la frontera la deja sin piso.

Justicia

Marcela Aguiñaga no peligra en su puesto de presidenta de la Comisión de Justicia. No solo es la más eficiente (a juzgar por el número de proyectos de ley enviados al Pleno), sino la más capaz de llegar a consensos.

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