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El arte saca del olvido a un barrio del cerro Santa Ana
700 familias aproximadamente, residen en las escalinatas y callejones que abarca la regeneración.

Llegaron sin avisar una lluviosa mañana del pasado febrero. Los vecinos los habían esperado durante treinta años, en los que padecieron la delincuencia, la falta de agua y la acumulación de basura mientras al lado, a menos de cien metros, ‘el primo guapo’- las escalinatas del cerro Santa Ana- atraía a cientos de turistas a diario.
En las coloridas casas, muchos aún dormían cuando los técnicos municipales empezaron a lijar las bases de los 220 peldaños que conforman las escalinatas Santo Domingo.
A Marisol Paredes la despertó el ruido. No podía creer lo que veía. Era como si hubiese llegado el Salvador. Los vecinos se agolpaban en las ventanas a ver, con incredulidad, el inicio de la regeneración urbana que por años los eludió.
La obra vino de la mano del pintor Gonzalo Amancha, el acuarelista ambateño que, inspirado en la flora y fauna nativa del sector, creó el ‘Gran árbol ecológico’, mural que se coloca en las bases de los peldaños de cada escalón.
Dos mil mosaicos le dan vida a monos, loros, búhos, tigrillos, flores y plantas; un jardín en medio del cemento.
Un hombre trasladando agua en grandes tachos, fue el primer boceto colocado, un detalle que hace reír a Paredes, férrea activista comunitaria y madre de tres niñas.
“Hemos mandado cartas al Municipio desde los ochenta. Las obras llegaron de a poco, la luz, el agua. Antes no había nada. El agua la subíamos así, en tachos, como muestra el artista, y luego con mangueras. Empezamos a pedir la regeneración hace mucho. Nos pidieron que tuviéramos paciencia y sí que la hemos tenido”, comentó a EXPRESO.
Reina Sangurima, quien reside al sector hace 40 años, concuerda enfáticamente.
“Cuando regeneraron las escalinatas del cerro Santa Ana y cerraron las puertas (rejas que dividen la zona regenerada con esta), pensamos que se habían olvidado de nosotros. Yo creí que ya no llegaría a ver más cambios en este cerro”, afirmó.
Ahora ellas y otros moradores, los más antiguos, son quienes cuidan de la obra.
“Hay que estarles diciendo a los muchachos que no arrastren las cosas, que no golpeen la cerámica. Confiamos en el que el mural va a traer prosperidad”, dice Silvia Paredes, quien nació en el sector.
A la par del ‘Gran árbol ecológico’, en las escalinatas también se construyen jardineras y se sotierran los cables del alumbrado. La reparación de las fachadas de las casas vendrá luego. La regeneración tardará cinco meses. El mural estará listo el 20 de mayo.
Hoy en día, las preocupaciones son otras. No quieren que el barrio se convierta en una nueva “zona rosa”. Albino Vega, quien vive ahí hace 50 años, suspira. “Queremos que los turistas vengan, lo que no queremos son borrachos. Suficiente con los de al lado”.