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Arroz Verde
Desconfío de quienes se rasgan las vestiduras sin entrar al meollo de los asuntos. A nadie le interesan los detalles del problema Arroz Verde porque bajo la etiqueta de corrupción toda explicación pasa a segundo plano. Es nuestra mañosa psiquis. Buscando entender el mundo se conforma con la explicación más accesible, más sencilla, más versátil: Arroz Verde es un caso de corrupción, aceptamos. Todos son corruptos, decimos, y seguimos nuestro camino. Pero el escándalo oculta matices que trascienden la etiqueta de corrupción: posibles infracciones electorales y administrativas, tributarias y otras tantas de responsabilidad política y económica, pública y privada. Me centro en la legislación electoral ecuatoriana, que dice que las campañas se financiarán con recursos del Estado, de personas naturales (candidatos, adherentes, militantes, donantes) y de la renta de bienes y actividades de promoción partidista (art. 201.1,2 y 3, Código de la Democracia). La cantidad de plata considerada legal deriva de la dignidad en juego como función del tamaño del electorado. Para tomar un ejemplo, el límite de financiamiento legal de la campaña presidencial en 2017 resultó de multiplicar el padrón por 0,15 centavos. Fueron casi $ 2 millones y cada centavo por arriba de ese monto estuvo fuera de la ley. ¿Cuánto suma Arroz Verde?
Desconfío de quienes se rasgan las vestiduras sin entrar al meollo de los asuntos y pienso que las leyes deben ser eficientes. Cuando una ley no formaliza sino que expulsa actividades reales a la informalidad, su legitimidad es de mecha corta. Si existe legislación sobre financiamiento de campaña pero limita los volúmenes a pesar de que hay plata para financiar aún más campañas, ¿por qué impedirlo?
La vía es legislar su formalización, porque allí sabemos a qué atenernos. No solo nos evitamos mañoserías, sino aportes tan burdos como los de las FARC. En EE. UU. la Corte Suprema zanjó en casos como Citizen United v. FEC y McCutcheon v. FEC que las personas jurídicas también pueden aportar a campaña y que no hay límites para financiamiento de campaña, respectivamente. Es más fácil seguir el billete y sancionar su mal uso si se le permite fluir. Prohibirlo y mirar para otro lado es como pellizcar un vidrio.