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Arribaron por meses y se quedaron de largo
Extranjeros que solo venían de paso convirtieron a Guayaquil en su lugar de residencia. Por aventura, por influencia familiar o por necesidad económica, visitantes de otros países han hecho de la ciudad su hogar pese a las diferencias culturales y las

Extranjeros que solo venían de paso convirtieron a Guayaquil en su lugar de residencia. Por aventura, por influencia familiar o por necesidad económica, visitantes de otros países han hecho de la ciudad su hogar pese a las diferencias culturales y las dificultades para adaptarse.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en el 2010 había 181.848 residentes extranjeros en el país, siendo Guayas la segunda provincia que acoge la mayor cantidad, con dos inmigrantes por cada 1.000 habitantes.
La mayoría llega de países vecinos como Colombia, Perú y Venezuela, pero también provienen turistas europeos y asiáticos que han formado sus comunidades en la urbe porteña y comparten sus historias, religiones y costumbres. Una gran parte trabaja como empleado del sector privado y por cuenta propia. En este caso, la enseñanza de la lengua materna es una de las actividades a las que se dedican y que tiene demanda en la ciudad.
El clima impacta a la llegada, pero con el tiempo se acostumbran, aunque algunos prefieran retornar a su tierra para evitar el calor. Asimismo, las costumbres sociales de los guayaquileños incomodan: la impuntualidad, los malos hábitos al conducir y la manera en la que comerciantes locales se aprovechan de la condición de extranjeros para subir los precios, han desanimado a los visitantes.
Sin embargo, los que deciden quedarse, lo hacen por la calidez de los porteños y lo “abiertos” que son. El factor humano es el principal atractivo para vivir en Guayaquil.
Inglaterra
“No fue lo que yo esperaba”
Cuando pisó Guayaquil por primera vez, en 1991, esperaba encontrar un país amazónico, pero fue recibido por edificios, calor y un olor a basura.
Aun con ese panorama, el británico Stuart Rivers, hoy de 46 años, decidió dejar el frío londinense por el cálido clima porteño.
La idea de visitar Ecuador le surgió de repente, cuando fue invitado por alguna de sus amistades. “No conocía nada, era una época antes de Internet”, recuerda.
Desde 1994 es docente de inglés en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, y aunque llegó para ser maestro de la lengua anglosajona en una academia por un año, cuando venció el plazo no quiso volver más.
“Lo que me impulsó a quedarme es el valor humano. El latino abre las puertas, brinda un plato de comida, su amistad. Las relaciones interpersonales me enseñaron lo que importa en la vida, lo que quizás en ciertas culturas europeas se ha perdido”, explica.
Es así que, además de conocer todos los rincones de la ciudad, inició y culminó sus estudios en universidades ecuatorianas, y le dedicó toda su vida a la docencia.
Corea del Sur
“Deseo quedarme más tiempo”
A Seung Woo Lee lo conocen como Gabriel desde que llegó a Sudamérica hace 28 años. Nacido en Incheon, al sur de la capital surcoreana, decidió tomar el nombre de un personaje cristiano para facilitar la comunicación.
Hoy es líder de la Iglesia del Evangelio Pleno de la Asamblea de Dios coreana, cuya sede está ubicada en el barrio Garay.
El misionero llegó al país en 2009 y confiesa que Guayaquil no era lo que esperaba. “Vivía frente al Malecón pero sufrí por la brisa del río. Los asiáticos hablamos de circulación sanguínea y la brisa me estaba impidiendo la actividad normal del cuerpo y tuve que mudarme. Pero uno se adapta”.
Los sábados y domingos el templo se convierte en un aula. Desde 2012, Lee y su esposa se dedican a enseñar su lengua materna, por el incremento de ecuatorianos interesados en el país asiático. Las clases son gratuitas, solo deben pagar por los libros.
No esperaba que su estadía fuera tan larga, pero le gustaría permanecer en Ecuador. “No hay obligación de dejar el país. Deseo quedarme más tiempo hasta ver que la obra que he empezado dé sus frutos”, agrega.
Alemania
“Uno aprende a vivir con lo malo y se adapta”
“Bésame mucho”, es la única frase en español que la alemana Ingeborg Goetzke conocía cuando llegó a Guayaquil en 1967, por haber escuchado la versión del tenor norteamericano Mario Lanza.
Le habían dicho que era una forma de saludar, por lo que tuvo momentos incómodos y divertidos en sus primeros años en Ecuador.
Dejó Alemania para “descubrir el mundo”, luego de contraer matrimonio en el país germano. Han pasado 50 años de eso, 15 de ellos impartiendo clases en el Centro Cultural Ecuatoriano Alemán (CCEA), ubicado en el sector norte, porque esto “era lo que podía hacer” en la ciudad.
Vino por dos años con la intención de conocer las islas Galápagos, pero decidió quedarse por su familia, que creció en número.
Aprendió español en Cuenca, pero por vivir en la urbe porteña tuvo que adaptar el acento particular de esa ciudad del sur de la región interandina para comunicarse mejor con los guayaquileños.
Aunque la adaptación fue difícil, se siente contenta en el lugar que la acogió.
Uno de los aspectos que le impactaron fue la impuntualidad, algo a lo que aún no se acostumbra. También ha sido víctima de la “viveza criolla”, pues, como indica, “la desventaja de ser rubia es que uno va a comprar algo al mercado y sube el precio. Aquí aprendí a regatear”.
“Todo lo negativo fue al principio. Uno aprende a vivir con eso y se adapta. Yo me siento súper feliz”, afirma.