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Aprender
No se puede hacer lo mismo que en el pasado y esperar resultados diferentes. Aprender de los errores y de los aciertos es la clave para tomar mejores decisiones en la familia, en los negocios y ni se diga en la política.
¿Cómo mejoramos el nivel de nuestra política? ¿Cómo hacemos mejores nuestras empresas? ¿ Cómo hacemos mejores organizaciones en general? Aprendiendo del pasado e innovando poco a poco, dicen los que saben.
Los expertos que estudian cómo tomar mejores decisiones dicen que la forma óptima es copiando a aquellos pares que consideramos dignos de emular.
Existen modelos matemáticos sobre aprendizaje y toma de decisiones en entornos complejos; enseñan cosas tan sencillas como increíbles. Bien se trate de una persona o una organización, a la hora de destinar capacidades para aprender y decidir sobre posibles rutas de acción, la distribución más eficiente luciría así: 90 % del esfuerzo debe ir a copiar casos de éxito y 10 % a la experimentación.
Como animales gregarios, los primates aprendimos hace mucho tiempo que es mejor copiar lo que hacen nuestros pares, que ponernos a inventar. Así los bebés aprenden cómo hablar, cómo comportarse, y qué gestos hacer en qué circunstancias. En términos generales, así aprenden y deciden también sus cursos de acción las organizaciones, los directorios, etc.: copiando.
Nuestra mayor duda debería ser entonces a quiénes copiamos... cuáles son aquellos modelos dignos de emular. Ver a nuevos ricos que cambiaron su situación con un breve paso por el sector público, quedar impunes, es mal augurio. Y lamentablemente, si lo dicho antes es correcto, muchas personas querrán emularlos. ¿Cómo juzgarlos si ese proceder no es solo un tema de ADN sino de eficiencia social?
Sancionar a los corruptos no es solo cuestión de justicia o un imperativo moral. Más sentencias ejemplarizadoras son imprescindibles porque sin claras y públicas sanciones, el ejemplo a seguir seguirá siendo la corrupción. Las futuras generaciones tienen que aprender de mejores ejemplos.