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La anticorrupcion como farsa
Tratándose como se trata de uno de los asuntos públicos en que más interesada se manifiesta la opinión nacional, los temas vinculados al conocimiento de las denuncias sobre corrupción deberían ser tratados con absoluta seriedad durante todos y cada uno de los pasos orientados a investigarla y combatirla.
Por ello cabe alertar sobre lo actuado en la Asamblea Nacional el día miércoles recién pasado, en ocasión de la comparecencia voluntaria del señor vicepresidente de la República, que pese a la resistencia previamente evidenciada por sus coidearios, frente a demandas de la oposición, decidió insistir en hacerse presente en ánimo de desvirtuar las acusaciones que sobre él se han realizado.
Es malo que un predominante énfasis partidario convirtiese lo que debió ser una sesión investigativa destinada a la acumulación de información relevante, en un mitin político, según unos, o en una sabatina de media semana, según otros.
Más allá de los calificativos anotados, generados entre los miembros de la Asamblea, cabe destacar que para la ciudadanía en general lo sucedido entra en la categoría de farsa, entendida como tal una actuación orientada a entretener al tiempo que a enredar y confundir.
Dejando de lado las diversas impresiones que lo actuado ha producido, el hecho cierto es que, salvo excepciones compartidas por el sector oficial, no solo los legisladores de oposición sino también un amplio conglomerado nacional ha sentido la impresión de haber asistido a un montaje destinado a preparar el terreno para la total liberación del segundo mandatario de sus graves inculpaciones. La existencia de ellas incluso ha dado lugar a la conformación de una bancada destinada a obtener el número de firmas requeridas para un trámite de juicio político contra el vicepresidente recién reelecto. El conocimiento de ese propósito ahora tiene como reacción entre los coidearios del inculpado que solo las firmas no sirven para iniciarlo. Se insiste en la necesidad de pruebas y se argumenta además que todo ha quedado esclarecido con la comparecencia ya cumplida. Así, en la lucha anticorrupción parecieran vislumbrarse dos estrategias oficiales: una auspiciada desde la Presidencia de la República y otra, menos transparente, impulsada desde la Asamblea Nacional.
Es imperativo unificarlas, a efecto de reducir suspicacias.