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Tras anos de coca, el cacao es la esperanza

Isidro Montiel espera una bonanza de cacao tras años de sembrar coca en el “triángulo del mal”, antiguo feudo del cartel de Medellín en el este de Colombia, donde la pasta base de cocaína sigue siendo moneda y hay esperanza por la paz con las FARC.

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Isidro Montiel espera una bonanza de cacao tras años de sembrar coca en el “triángulo del mal”, antiguo feudo del cartel de Medellín en el este de Colombia, donde la pasta base de cocaína sigue siendo moneda y hay esperanza por la paz con las FARC.

Como miles soñando con la opulencia, Montiel llegó en 1982 a la región de Güérima, Chupave y Puerto Príncipe, en el departamento de Vichada, fronterizo con Venezuela y a las puertas de la Amazonía.

“Me dijeron que sembrar coca era muy bueno”, comentó Montiel en Güérima, donde reside junto a los menos de mil habitantes que quedan en una zona que llegó a tener una población de 12.000, conocida como el “triángulo del mal” por su difícil acceso.

En este departamento, del tamaño de Guatemala pero casi despoblado, el capo Carlos Lehder construyó pistas clandestinas para enviar cocaína a Estados Unidos y el rumor de que necesitaba mano de obra para su imperio se propagó por Colombia, principal cultivador mundial de hoja de coca, base de cocaína y mayor productor de esa droga, según la ONU.

Para esa época, de Vichada “salía demasiada coca por vía aérea”, explicó el coronel Jean Paul Strong, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta de la Fuerza Aérea Colombiana.

“No es justo tener que trabajar y dar el producto”, afirmó Montiel, quien debía entregar a las FARC unos 240 dólares del costo de un kilo del “impuesto” a la producción de pasta base de cocaína (PBC), avaluado en 760 dólares.

Por eso, tras dedicarse al transporte fluvial, se unió en 2012 a un programa gubernamental para la sustitución de cultivos ilícitos, que actualmente reúne a 240 familias.

Como él, que sembró 8.000 plantas de cacao, otros se sumaron cuando la coca se hizo menos rentable por los altos costos de los insumos para convertirla en PBC, las dificultades de transporte y los riesgos de la ilegalidad.

Los cultivadores concuerdan en que por cada una de las cuatro cosechas anuales de coca ganaban entre 69 y 210 dólares.

Con el cacao, en cambio, perciben hasta 1.700 dólares en cada una de las dos recolecciones anuales, pues la iniciativa gubernamental incluye subsidios y convenios para que una de las principales empresas chocolateras del país compre el grano a precio de la bolsa.

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