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La amistad franco-germana no basta

La reciente firma del Tratado de Aquisgrán nos invita a reflexionar sobre cómo ha evolucionado la relación franco-germana en Europa desde la adopción de un pacto de amistad bilateral, el Tratado del Elíseo en 1963.
Con el Tratado de Aquisgrán se plantea formar una Unión de Defensa Europea, lo cual no es una idea nueva. Ya en 1950, se discutieron propuestas similares, cuando EE. UU. se preparaba para entrar en la Guerra de Corea y llamó a que Alemania Occidental se integrara a una nueva Comunidad de Defensa Europea. Pero en 1954 el Parlamento francés, temiendo volverse demasiado dependiente de los estadounidenses, rechazó la formación de una unión defensiva bajo el Plan Pleven y el Tratado de París. Aun así, durante las negociaciones sobre el Tratado del Elíseo menos de una década más tarde, el Presidente Charles de Gaulle vio la oportunidad de presionar por más independencia de Europa Occidental de EE. UU. De allí que el texto original de tratado no hiciera mención alguna a la relación de Francia o Alemania con EE.UU., el RU, la OTAN u otros acuerdos internacionales importantes. Y cediendo a la presión del Presidente J. F. Kennedy, el Bundestag alemán añadió un preámbulo llamando a Francia y Alemania a cooperar estrechamente con EE. UU. y el RU. Este nuevo lenguaje frustró los planes de de Gaulle de crear un contrapeso europeo occidental a EE. UU. Según el confidente de de Gaulle Alain Peyrefitte, el presidente francés se quejaba de que los alemanes se sometían tan completamente al poderío estadounidense, “traicionando el espíritu del Tratado entre Francia y Alemania, y a Europa”. Hoy el presidente Macron protagoniza los debates sobre integración europea y es central su visión sobre las reformas que se deben emprender en la UE para liberar a Alemania y a la UE de la abrumadora influencia estadounidense. En las décadas subsiguientes, mediante el Tratado del Elíseo, se había logrado lo aparentemente inalcanzable: amistad con el Erbfiend -el enemigo hereditario.El Tratado de Aquisgrán puede saludarse como un símbolo de la amistad entre Francia y Alemania. Pero ambos acuerdos consagran una estrategia política que no se encuentra en la dirección tradicional de Alemania de equilibrar su amistad con Francia al tiempo que fortalece sus relaciones transatlánticas con EE.UU. y el RU. Aunque al poner demasiado énfasis en la noción de que “juntos podemos hacerlo”, Francia y Alemania podrían acabar viendo que han alcanzado una victoria pírrica para el proyecto europeo. Preocupa sobre cómo se percibirá el nuevo acuerdo en otras capitales europeas y tal vez encuentren extraño que los dos ejemplos europeos del multilateralismo firmen un trato bilateral que excluya a todos los demás. Mientras la integración al orden liberal occidental está consagrada en la constitución (Grundgesetz) alemana, la política exterior francesa se guía por los intereses nacionales que tenga en un momento dado. Al igual que su precursor, el Tratado de Aquisgrán diluye estas diferentes miradas con una neblina de buenas intenciones. A los Estados miembros occidentales les preocupa el estado de derecho en los países miembros del este, y los del noroeste desean enfrentar la corrupción, el crimen organizado y la débil gobernanza en el sudeste. El proyecto europeo depende de Francia y Alemania, pero no quiere decir que solo ellos puedan preservarlo. Alemania apoyaría plenamente que el Brexit se anulara para poder conservar el equilibrio interno de la UE, mas Francia podría verlo como una oportunidad para aumentar su propio peso político, económico y militar dentro del bloque. No importa que una “Europa más francesa” sin el RU sea más débil en la escena internacional. A pesar de tener dos países con armas nucleares, otras potencias ya consideran a la UE como políticamente irrelevante. En consecuencia, lo que importa en realidad no una “autonomía estratégica” sino la preservación de la soberanía europea en un contexto internacional en veloz cambio. La amistad franco-germana es necesaria para Europa, pero no bastará para garantizar nuestro lugar en el mundo.