El toque de queda asfixia la vida nocturna de Quito
La restricción de movilidad obliga a cerrar temprano y deja las calles vacías en zonas de entretenimiento. Propietarios cuestionan la viabilidad de la medida.

En la Whymper, bares y restaurantes operan con horarios reducidos y con menor movimiento.
Lo que debes saber
- El toque de queda transformó la vida nocturna de Quito: bares vacíos, cierres anticipados y pérdidas de hasta el 60 % golpean a restaurantes y discotecas
- Sectores como La Pradera, Whymper y la Plaza Foch, en el norte, se ven afectados por la medida de restricción que el Gobierno Nacional dispuso por 15 días
- Los emprendedores consideran que la decisión no contribuye a combatir la inseguridad, ya que la mayor parte de los delitos ocurren en horas distintas a las del toque de queda
Mesas vacías, pistas de baile sin movimiento, calles con escasa afluencia de personas y una constante repetida en distintos puntos de la capital: los pocos clientes que aún acuden a bares, restaurantes y discotecas lo hacen con prisa, mirando el reloj, intentando disfrutar antes de que el reloj marque las 22:00 y el inminente toque de queda los obligue a regresar a casa.
Te invitamos a leer: Ruta Viva: se frena la concesión del proyecto vial más ambicioso de Quito
Desde el pasado 3 de mayo, en Quito rige una restricción de movilidad entre las 23:00 y las 05:00, una medida implementada con el objetivo de reforzar la seguridad en la ciudad.
Sin embargo, en la práctica, su impacto ha ido mucho más allá del horario oficial. El sector nocturno asegura que la vida comercial se ha reducido varias horas antes, alterando completamente la dinámica de funcionamiento de bares, discotecas y restaurantes.
Un recorrido realizado por EXPRESO evidencia una ciudad distinta a la habitual. En sectores como La Pradera, alrededor de las 20:00 el ambiente es silencioso y poco concurrido. Las calles presentan baja circulación de vehículos, los establecimientos lucen semivacíos y las promociones no logran compensar lo que más falta: clientes.
Cambios en los horarios y logística
En la cervecería artesanal Andes, Juan Andrés Trejo, gerente de operaciones, explica que la atención ha tenido que ajustarse drásticamente. “Ha sido bastante grave. Ya vamos más de diez días de toque de queda y tuvimos que cambiar nuestros horarios. Cerramos a las nueve y media de la noche”, señala.
El empresario detalla que la afectación no se limita únicamente al horario de cierre. También implica la logística del personal y el transporte. “Las personas que trabajamos en esta industria tenemos que regresar a casa dentro del toque de queda.
Los transportistas también. No existen salvoconductos suficientes para el sector”. Esto ha provocado que la actividad, en la práctica, se concentre hasta las 21:00 o 22:00, cuando los clientes comienzan a retirarse apresuradamente.

En La Pradera, los establecimientos optaron por abrir sus puertas desde más temprano.
Trejo estima que las ventas han caído alrededor del 20 %, aunque la proyección inicial era incluso más pesimista, con una reducción de hasta el 35 %. La comparación con otras ciudades también preocupa al sector. En Guayaquil, en un episodio similar, las ventas llegaron a caer hasta un 50 %.
En la cervecería Santos Pub, la situación es parecida. Su administradora, Bárbara Álvarez, describe una cadena de complicaciones que inicia con el personal y termina en la caja registradora. “Tenemos empleados que viven en zonas lejanas como Carcelén, Pisulí o el sur. Hemos tenido que enviarlos a casa una o dos horas antes”, comenta.
El cambio de horarios ha reducido significativamente la operación del local. Antes abrían al mediodía y cerraban a la 01:00. Ahora cierran a las 22:00. “Perdemos casi tres horas de trabajo en el horario más fuerte”, pues para su negocio la franja entre las 21:00 y la madrugada era la de mayor movimiento, con una capacidad para 270 personas. Hoy, la caída de los ingresos oscila entre el 40 % y 50 %.
Pero la preocupación no se limita a lo económico. Álvarez cuestiona la efectividad de la medida en términos de seguridad. “Se supone que es para reducir la violencia, pero en la zona han ocurrido robos incluso en plena vigencia del toque de queda. A la 01:00 o 03:00 se han metido a locales”, denuncia.
Impacto en las ventas
En la calle Whymper, donde operan cerca de 30 establecimientos entre bares, restaurantes y discotecas, el panorama se repite. Lenin Zúñiga, administrador de Plaza Whymper, sostiene que el impacto ha sido inmediato. “Hemos tenido una baja de entre el 50 % y 60 % en ventas mensuales”, estima.
El establecimiento solía operar hasta las 02:00, especialmente los fines de semana. Ahora el cierre ocurre a las 22:00 y el personal debe abandonar el lugar incluso antes, debido a la falta de transporte seguro. En algunos casos, trabajadores han tenido que dormir en el local por no tener cómo regresar a sus hogares.
Aunque Zúñiga reconoce que ha habido una disminución de ciertos hechos delictivos, también plantea dudas sobre el alcance real del toque de queda. “Ha bajado el robo de vehículos en la zona, pero el impacto económico es muy fuerte. El balance es complejo”, considera.
"Hemos tenido una caída de ventas cercana al cincuenta por ciento, porque el horario nocturno es el más fuerte y ahora se ha reducido casi por completo en la zona"
La situación se repite en otros puntos de la ciudad como la Plaza Foch, un sector que ya venía afectado por la inseguridad y la pandemia. Allí Andrea Jácome, trabajadora de un bar, señala que la recuperación que apenas comenzaba se detuvo nuevamente. “Se estaba reactivando la zona, pero esto la volvió a vaciar”, menciona con preocupación.
En contraste, sectores como San Blas presentan una dinámica distinta, con presencia de turistas, música en vivo y mayor actividad. Sin embargo, incluso allí algunos usuarios consideran que las medidas de restricción afectan innecesariamente la vida social y el comercio.

En la Plaza Foch, los negocios nocturnos enfrentan una nueva caída en la reactivación del sector.
Un sector golpeado nuevamente
Desde el sector gremial, la lectura es aún más crítica. Martha Guerrero, presidenta de la Asociación de Bares y Discotecas de Quito, advierte que el impacto es severo. “Abrir más temprano no funciona. La gente sale después del trabajo, ese es nuestro principal público”.
Según Guerrero, varios locales han optado por no abrir debido a la baja afluencia. Otros han intentado implementar horarios tipo matiné, pero sin éxito. Además, admite que las restricciones legales sobre la venta de alcohol a menores impiden cualquier intento de reactivación diurna.
El gremio calcula que tendrá pérdidas que podrían oscilar entre el 90 % y 100 % en comparación con una jornada habitual. A esto se suma el impacto en el empleo de DJ, bartenders, personal de seguridad y transportistas que dependen directamente de la actividad nocturna.
Frente a ello, la ciudadanía espera que no se implementen más toques de queda. “A nivel nacional no sirven. Los delitos cambian de horario, nada más. Esa no es la medida. Estoy feliz de que este toque de queda acabe ya. Esta semana espero que sea finalmente distinta... Estamos muertos, sin vida, ni paz, ni sitios para recrearnos. Todo juega en contra del ciudadano”, opina Adrián Benalcázar, residente de Quito.