cuidado animal
Quito inmortaliza a Max, el perro comunitario de la Escuela Politécnica Nacional
La historia de Max busca recordar que los animales comunitarios también forman parte de la ciudad y requieren cuidado y protección

La escultura de Max se encuentra en la esquina de la avenida Isabel la Católica y Alfredo Mena, cerca de uno de los ingresos de la Politécnica Nacional.
Max ya no recorrerá los pasillos de la Escuela Politécnica Nacional ni esperará a los estudiantes que durante años se acostumbraron a verlo caminar por el campus. Tampoco podrá volver a subirse a un bus y recorrer Quito como lo hizo tantas veces. Sin embargo, desde ahora tendrá un lugar permanente en la ciudad.
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En el marco del Día Mundial de los Animales, este 4 de octubre de 2026 se develó una estatua de bronce en su honor, ubicada en la avenida Isabel la Católica y Alfredo Mena, en el centro-norte de Quito.
La escultura recuerda al perro comunitario que durante 15 años hizo de la Escuela Politécnica Nacional su hogar y que terminó convirtiéndose en uno de los animales más queridos por la comunidad politécnica.
Max, conocido como el presidente vitalicio de los Poliperros, falleció el pasado 6 de abril, después de atravesar un delicado estado de salud.
El legado de del presidente vitalicio de los Poliperro
Si bien muerte dejó un vacío entre quienes durante años estuvieron pendientes de su alimentación, salud y bienestar, también abrió una conversación sobre el papel que tienen los animales comunitarios dentro de una ciudad y sobre la responsabilidad que implica convivir con ellos.
“Los animales dentro de la ciudad importan y hay que cuidarlos”, señala María Fernanda Orquera, coordinadora del Club de Bienestar Animal de la Politécnica. Para ella, el homenaje a Max trasciende la historia de un solo perro.

Max, el perro comunitario y presidente vitalicio de los Poliperros fue inmortalizado en una estatua.
La escultura, que fue donada, busca convertirse en un homenaje a todos los animales que forman parte de la vida cotidiana de Quito y, al mismo tiempo, en un llamado a la responsabilidad de quienes tienen animales bajo su cuidado.
Esa relación entre Max y quienes lo rodeaban terminó convirtiéndose en una muestra de cómo puede funcionar el cuidado colectivo. “Max era libre, pero tenía toda una comunidad que lo cuidaba”, resume Orquera.
La historia, sin embargo, también deja una lección. Para la coordinadora del Club de Bienestar Animal, la convivencia con animales comunitarios requiere educación y compromiso de toda la sociedad. No basta con alimentar a un animal que vive en un espacio público; también es necesario conocer sus necesidades y actuar de manera responsable.
De la historia de Max a una guía para Quito
El legado de Max también se ha traducido en iniciativas que buscan ir más allá del homenaje. Los integrantes del Club de Bienestar Animal elaboraron y entregaron al Municipio de Quito un manual para el manejo responsable de perros comunitarios.

La escultura de Max se develó en el Día Mundial de los Animales.
La propuesta plantea establecer pautas para el cuidado de estos animales y busca que las experiencias construidas alrededor de Max puedan servir como referencia para otros sectores de la ciudad.