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Diario Expreso Ecuador

Nos toca asumir

El reto de los docentes en Ecuador es, entonces, autovalorarse, fortalecerse como observador justo y equitativo, y asumir su rol

Una imagen referencial de un profesor escribiendo en un pizarrón.

Una imagen referencial de un profesor escribiendo en un pizarrón.CANVA

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En nuestra nota anterior nos congratulábamos por la decisión ministerial plasmada en su respectivo acuerdo, con la que se devuelve el manejo de los asuntos disciplinarios al profesor y, por ende, a la escuela, lo que era reclamado por años por casi todos los gremios educativos, ya que resultaba incomprensible minimizar la figura de autoridad que el educador ha de tener frente a su clase.

El marco legal no es suficiente

Pero, como decían los abuelos: “no es solo cuestión de soplar y hacer botellas”. El ministerio ya hizo lo suyo y, obviamente, no puede hacer nada más: entrega el marco legal, entrega las responsabilidades y es entonces a las instituciones y a los maestros a quienes corresponde asumir el reto, trazar la cancha, reconociéndose no como jueces que adelantan un proceso jurídico sino como formadores que buscan, con correctivos, recomponer comportamientos y actitudes que mejoren la conducta estudiantil.

Y es que el asunto no es tan fácil, pues son más de diez años durante los que el profesor no ha ejercido a plenitud su rol de autoridad y, en algunos casos, ya sea por confort, por no hacerse problemas, por dejar hacer y dejar pasar o simplemente por temor, ha perdido la capacidad de corregir, de llamar la atención y de sancionar.

El reto docente es, entonces, autovalorarse, fortalecerse como observador justo y equitativo, y asumir su rol, entendiendo que su meta final es la formación de la persona.

Las excepciones y las fallas del sistema

Verdad es que sí hubo instituciones que, ya sea por su claridad de visión y misión o por su estructura bien constituida, pudieron capear el temporal y algo resolver casa adentro, con incorporación de la familia y permanente comunicación. Sin embargo, estas fueron solo la excepción, pues muchas, por cumplir la norma y evitar problemas con los distritos, lanzaban capotes para que el asunto vaya a instancias superiores, donde quedaban a la espera de turno hasta las calendas griegas y, generalmente, terminaban perdiéndose en el olvido.

Los rectores, los inspectores, los profesores y, en fin, las instituciones todas, tienen que reaprender sobre la marcha y asumir con valor, el coraje de formar.

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