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Diario Expreso Ecuador

La Vendée

La distinción entre las corrientes políticas es que una halla en la libertad del ser humano los límites al poder; la otra la condiciona en nombre del bien común

La población civil de la Vendée, Francia, sufrió el genocidio porque no aceptó que la Iglesia y la práctica de su fe quedaran sometidas al gobierno revolucionario.

La población civil de la Vendée, Francia, sufrió el genocidio porque no aceptó que la Iglesia y la práctica de su fe quedaran sometidas al gobierno revolucionario.Canva

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Isaiah Berlin dedicó un agudísimo ensayo a desnudar a los enemigos de la libertad, ubicando en prominente lugar de su lista a Rousseau por su concepto de soberanía popular, que en último análisis no es más que un birlibirloque dialéctico para subyugar la libertad individual a la razón de estado dictada por una asamblea. Bien mirado, este elemento sigue distinguiendo hasta hoy a las dos grandes corrientes políticas, la que halla en la libertad del ser humano los límites al poder, por un lado, y la que condiciona aquélla en nombre del bien común, de la igualdad, de la justicia social o de cualquier otra fórmula totalitaria, cualquiera su signo.

Libertad individual vs. bien común

Robespierre, fiel seguidor de las ideas de Rousseau y uno de los miembros más influyentes de la asamblea nacional durante la Revolución francesa, dejó bien claro con sus ejecutorias el absurdo al que puede conducir la noción de la soberanía popular, sin más límite que la propia expresión de las mayorías en una asamblea: según las fuentes, más de 170.000 víctimas registró el genocidio contra la población civil de la Vendée, que no aceptó que la Iglesia y la práctica de su fe quedaran sometidas al gobierno revolucionario. Esta no fue la primera guerra religiosa, protestantes y católicos ya se habían enfrentado en varias ocasiones en Europa, pero sí fue la primera en la que se emprendió un exterminio brutal y sistemático de civiles por orden estatal, ya fueran mujeres, niños, ancianos y cualquiera que profesara la fe católica.

Esta fórmula de terrorismo de Estado se incorporó al manual de los soviets y fue replicada en la Cristiada, aquella guerra contra los fieles católicos orquestada por el presidente mexicano Plutarco Elías Calles en 1926, cuya infame Ley Calles suprimió la libertad religiosa; y pocos años más tarde la persecución y asesinato que emprendieron los socialistas en España contra clérigos y fieles por igual, cuando el Frente Popular se hizo del poder en 1936 tras unas elecciones fraudulentas, denunciadas como tales tanto por sectores de izquierda como de derecha.

Las guerras de Vendée, la Revolución de los cristeros y la masacre de los fieles en España están además unidas por el ocultamiento institucional. Aún hoy es un desafío encontrar material de calidad sobre estos sucesos y hacerse de un libro de alguno de los autores que lucharon contra viento y marea editorial para preservar la memoria histórica.

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