A los codazos
Los mejores perfiles deben disputar los espacios democráticos e institucionales pese a no haber condiciones perfectas, concursos ideales ni procesos impecables

La Fiscalía es uno de los cargos más importantes y peligrosos de Ecuador, por eso se necesitan buenos perfiles participando en el concurso para seleccionar a su titular.
No hace mucho, varios abogados prestigiosos del país contemplaban seriamente la posibilidad de concursar para la Fiscalía. Eran perfiles con trayectoria, preparación, reputación pública y credenciales suficientes para asumir un cargo de esa dimensión. Poco a poco, fueron desistiendo.
Sus motivos son comprensibles. La Fiscalía es uno de los cargos más peligrosos de Ecuador. Demanda no solo rigor técnico, sino habilidad política. El costo familiar de asumir un desafío así es enorme. Súmele la desconfianza sobre los concursos públicos, los intereses ilegítimos que los rodean y la posibilidad real de competir en desigualdad de condiciones. Todo eso es cierto. Pero también es frustrante esa renuncia. Hablo de perfiles con vocación de servicio público, con capacidad de elevar el nivel de las instituciones. Personas que, en muchos casos, suben a la tarima de la opinión pública y envían directrices sobre cómo deberían hacerse las cosas, pero no participan en los procesos.
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Si los mejores perfiles no disputan espacios, ¿de qué nos quejamos cuando las autoridades no están a la altura? ¿De que el concurso está mal diseñado? ¿De que es amañado? Con más razón necesita buenos perfiles participando. La presencia de gente proba podría legitimar un proceso serio o, en caso contrario, evidenciar desde adentro las trampas, las presiones y las irregularidades.
Cualquier espacio de poder en Ecuador hoy se lo disputan ciudadanos probos, ciudadanos cuestionables, rateros, sapos, corruptos y criminales. Esa es la cancha. La vocación de servicio hoy debe acompañarse de estrategia mediática y política para disputar esos espacios como realmente se disputan los puestos en el Estado: a los codazos. No basta con hablar desde afuera. Hay que subirse al ring. Las condiciones perfectas, los concursos ideales y los procesos impecables no van a llegar. No en el corto plazo. Todos los que han pasado por posiciones de poder, para bien o para mal, se jugaron. Algunos dejaron huellas desastrosas. Otros llegaron con buenas intenciones y terminaron absorbidos por la torpeza, el ego o las dinámicas del sistema. Muy pocos lograron dejar una huella positiva.
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Sin embargo, ese historial de fracasos no debería empujar a los mejores perfiles a retirarse del tablero. Los espacios democráticos e institucionales no solo se analizan o se cuestionan: se disputan.