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Diario Expreso Ecuador

Si lo construyes, él vendrá

Así como en el fútbol el talento brilla con reglas claras, Guayaquil ha demostrado que el trabajo libre y la visión construyen el camino a la prosperidad

Durante casi cinco siglos, Guayaquil nunca fue el resultado de un diseño centralizado. Su grandeza nació de un puerto abierto al comercio, al trabajo, a la inmigración y a la iniciativa privada.

Durante casi cinco siglos, Guayaquil nunca fue el resultado de un diseño centralizado. Su grandeza nació de un puerto abierto al comercio, al trabajo, a la inmigración y a la iniciativa privada.Archivo Expreso

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En la película Field of Dreams (1989), un agricultor de Iowa escucha una voz que le susurra: “If you build it, he will come” -Si lo construyes, él vendrá”-. Sin comprender del todo su significado, decide seguir su intuición y sacrificar parte de su cosecha para construir un campo de béisbol. Contra toda lógica, aquello que parecía un acto irracional termina transformando su vida. La grandeza de esa historia no reside en el béisbol, sino en una idea profundamente humana; cuando se crean las condiciones adecuadas, comienzan a suceder cosas extraordinarias.

He comprobado ese principio durante décadas en el desarrollo inmobiliario. Cuando se construye un proyecto con visión, las personas terminan llegando. Primero se crean las condiciones; después aparece la demanda. Friedrich Hayek llegaría a una conclusión similar desde la economía y la filosofía política. Las sociedades más prósperas -sostenía el Nobel austríaco- no son el producto de un plan diseñado por unos pocos, sino el resultado del orden espontáneo que emerge cuando millones de personas actúan libremente dentro de un marco de reglas claras. La prosperidad no se decreta, surge cuando las instituciones permiten que las personas desplieguen libremente su talento.

El próximo domingo, cuando el árbitro señale el final de la Copa Mundial de la FIFA, el planeta entero habrá contemplado durante un mes un formidable ejemplo de esa verdad. Ningún dirigente puede decidir quién levantará la copa ni decretar victorias. Existen reglas del juego y libertad para competir. El resultado pertenece al talento, al esfuerzo, a la disciplina y, por supuesto, también a esa cuota inevitable de fortuna que acompaña todo emprendimiento humano. Mi padre solía decirme: “Mientras más trabajo, más suerte tengo”. Nunca dejó de tener razón.

La mayor fortaleza de Guayaquil

En una semana, Guayaquil celebrará un nuevo aniversario de su fundación. Durante casi cinco siglos, esta ciudad nunca fue el resultado de un diseño centralizado. Su grandeza nació de algo mucho más poderoso: un puerto abierto al comercio, al trabajo, a la inmigración y a la iniciativa privada. Llegaron comerciantes, artesanos, industriales y emprendedores porque aquí encontraron la posibilidad de construir su propio destino. Primero existieron las condiciones, después llegaron las oportunidades.

Quizá esa haya sido siempre la mayor fortaleza de Guayaquil. No esperar que la prosperidad nazca desde la oficina de algún planificador, sino crear el ambiente para que miles de ciudadanos lo hagan cada día con su esfuerzo. Como ocurre en un partido de fútbol, las reglas importan más que los árbitros, porque son ellas las que permiten florecer al talento y al mérito.

Cuando el Mundial termine este domingo, España o Argentina celebrarán un campeonato. Días más tarde, Guayaquil celebrará casi cinco siglos de historia. Son acontecimientos distintos, pero ambos recuerdan la misma lección: los grandes logros nunca aparecen por accidente. Primero se construye el terreno de juego, luego llegan quienes son capaces de hacer historia sobre él. Porque, al final, cuando una sociedad decide construir un marco de libertad, la prosperidad siempre encuentra la manera de llegar.

¡Hasta la próxima!

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