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Diario Expreso Ecuador

Guayaquil, ciudad global

Para competir con las grandes economías del mundo, Guayaquil debe potenciar sus dos núcleos clave de interacción: su puerto y su aeropuerto internacional

Potenciar a Guayaquil como eje de un amplio territorio con el fin de convertirla en una ciudad global, pasa por ampliar y mejorar sus dos núcleos de interacción: su puerto y su aeropuerto.

Potenciar a Guayaquil como eje de un amplio territorio con el fin de convertirla en una ciudad global, pasa por ampliar y mejorar sus dos núcleos de interacción: su puerto y su aeropuerto.Archivo Expreso

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Guayaquil no es solo una ciudad, ni siquiera un cantón de más de 5.000 km cuadrados de extensión (más grande que Luxemburgo, Andorra o Singapur). Guayaquil es una gran aglomeración urbana y un organismo complejo que continuamente se relaciona a través de miles de interacciones diarias y que se extiende más allá de sus límites físicos, formando un gran conglomerado urbano que abarca cantones aledaños como Eloy Alfaro (Durán), Samborondón, Daule y Salitre, además de que alrededor de Guayaquil orbitan otras ciudades ubicadas a no más de dos horas de distancia, como Santa Elena, Playas, La Libertad, Salinas, Milagro e incluso Babahoyo.

La globalidad de Guayaquil depende de dos anclas

Hay otra relación clave para Guayaquil y es el ser la puerta de entrada al país a través de su aeropuerto internacional. De hecho, no es posible planificar la ciudad y visualizarla al futuro sin entender la necesidad de mejorar las conexiones internas y, de esta manera, potenciar a Guayaquil no como centro sino como eje de un amplio territorio con el fin de convertirla en una ciudad global, lo que pasa, necesariamente, por ampliar y mejorar sus dos núcleos de interacción: su puerto y su aeropuerto. Solo de esta manera Guayaquil podrá entrar a competir en un mundo donde las ciudades son, cada vez más, referentes de la economía del mundo, desplazando, incluso, a los propios países donde se encuentran.

Para ello hay que pensar más allá de lo que lo hace la planificación tradicional. Esta, en cierto modo, ha resultado ser insuficiente, ya que proponen planes maestros rígidos y difíciles de ejecutar y que, además, suelen quedar obsoletos frente a dinámicas sociales y económicas cambiantes. Además, que muchos de esos planes son impuestos, desconocen la participación y las necesidades reales de los ciudadanos. Se trata, por tanto, de entender a Guayaquil como un sistema complejo, de alcance territorial y que debería tener una visión global y prospectiva donde se incorporen procesos participativos, adaptables y flexibles de planificación con acciones paralelas de intervenciones tácticas en los puntos más sensibles.

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