El costo de preguntar
Las presiones y riesgos para periodistas evidencian un entorno donde investigar puede tener costos personales, afectando la libertad de expresión

El ejercicio del periodismo enfrenta crecientes presiones que impactan la libertad de investigar y de informar.
No siempre hace falta una amenaza, a veces basta que el mensaje se entienda. Eso es lo más grave de lo ocurrido con Hernán Higuera. Cuando alguien deja de investigar porque las consecuencias de hacerlo tocan a su familia la discusión toma otro rumbo. Entonces, ya no se trata solo de Progen, de los generadores viejos, de los contratos raros, del enorme perjuicio económico al país o de las explicaciones pendientes de los involucrados, entre ellos, exministros. Se trata de qué pasa cuando investigar empieza a salir demasiado caro.
El costo personal de investigar casos sensibles
La censura, antes, se reconocía más fácilmente. Casi siempre venía explícitamente. Ahora lo hace de forma solapada, disfrazada de trámite, denuncia, intervención o réplica indignada. Todo, aparentemente, muy institucional y defendible por separado, pero muy preocupante cuando se mira el conjunto. Cabe citar aquí a Levitsky y Ziblatt, que nos advierten que, en democracias en deterioro, neutralizar a quienes incomodan no siempre requiere censura abierta, basta con que periodistas y medios se lo piensen bien antes de publicar.
Es que lo de Hernán no es aislado. Últimamente se han conocido varios casos de presión a medios y/u hostigamiento a periodistas. Seguro que para cada uno habrá alguna leguleyada que pretenda explicarlo, pero la verdad es que se va configurando un ambiente en que el periodismo se convierte en una profesión de riesgo.
Libertad de expresión bajo presión indirecta
Y, claro, desde afuera es fácil citar libros sobre democracia e indignarse, pero otra cosa es que el costo no lo pague solo quien firma una nota, sino también su familia. Ahí la libertad de expresión deja de ser una bonita consigna y se vuelve una difícil decisión personal. Por eso este caso importa, porque nos muestra hasta qué punto se puede estrechar el margen para investigar sin que se admita que existe censura. Y porque, cuando alguien decide callar para proteger a los suyos, tal vez el daño ya está hecho.
El periodismo no necesita privilegios, solo necesita poder preguntar. Y cuando preguntar empieza a tener costo personal, familiar o profesional, el que pierde no es solo el periodista, perdemos todos.