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Diario Expreso Ecuador

¿Mala venta o mala prensa?

La educación es el único camino que puede redimir y cambiar a la nación, y por ello debemos cambiar de actitudes ante ella y dejar de verla como un castigo

El que el padre deba salir a buscar textos y útiles escolares se presenta como un agobio; sus costos y, en el caso de la educación particular, matrículas y pensiones, se presentan como un martirio.

El que el padre deba salir a buscar textos y útiles escolares se presenta como un agobio; sus costos y, en el caso de la educación particular, matrículas y pensiones, se presentan como un martirio.Archivo Expreso

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Cuando se asiste a congresos pedagógicos, cuando se oye a gobernantes y futurólogos hablar de las urgencias del futuro, que solo se salvarán con un ser humano bien preparado, y cuando los mensajes que se envían y reenvían casi nos abruman con la importancia de la educación para el desarrollo, no podemos menos que contrastar con lo que, a interno, pasa entre nosotros, en nuestras comunidades, en nuestra nación.

Por supuesto que estamos convencidos de que la educación de los pueblos forma una mejor persona, un mejor ciudadano local y universal y, acaso por eso, nos contrasta y entristece el hecho de la poca valoración que, entre nosotros, hoy se tiene de lo educativo, incluso en la célula primaria de la sociedad, que es la familia.

El valor que la sociedad le resta a la educación

Decimos esto porque en cada ocasión, cuando se inicia un año lectivo, ya sea en costa o sierra, las noticias que se propagan, los comentarios, los tonos y matices con los que se expresan dejan ver, en más de una oportunidad, que todo aquello que tiene que ver con preparar al niño para la educación resulta ser una carga, un problema, una complicación.

El que el padre deba salir a buscar los textos y útiles escolares se lo presenta como un agobio; los costos de estos y, en el caso de la educación particular, matrículas y pensiones, se presentan como un martirio. El cumplir con normativas de acceso y movilidad son presentados como graves molestias.

Ahí vendría la pregunta: ¿la educación no ha sabido venderse bien a la sociedad? ¿Los grandes postulados son solo frases que perdieron sentido y vivencia entre nosotros? ¿Cuándo se perdió lo que oímos tantas veces a nuestros viejos: “Lo único que espero dejar a mis hijos es su educación”? Y entonces nos aproximamos a ella como a un cadalso y la asumimos como sentencia.

De no ser así, entonces, ¿por qué la educación puede generar mala prensa? ¿Por qué de ella se toma sus exigencias, compromisos y corresponsabilidades como una carga para los padres? Es tiempo de que cambiemos de actitudes frente al único camino que puede redimir y cambiar la nación. La educación no es un castigo, redime.

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