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Diario Expreso Ecuador

No es para todos

El éxito empresarial no asegura el éxito en la gestión pública; la preparación se puede lograr a través de un sistema de partidos políticos sólido y permanente

La gestión pública castiga la disrupción y premia la burocracia, por eso pasar de la gerencia privada a la administración pública tiene más riesgos que premios.

La gestión pública castiga la disrupción y premia la burocracia, por eso pasar de la gerencia privada a la administración pública tiene más riesgos que premios.Canva

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Leemos desencantos en todas las sociedades sobre los políticos. En general, en cualquier lugar, quienes están en el poder no se llevan elogios, y a la par existe el comentario de “por qué los mejores no se meten en la política o en la administración pública” o “por qué no se mojan el poncho las personas exitosas en la vida empresarial”.

El mito del gerente exitoso en la política

Algunos creen que haber logrado algún grado de éxito en una empresa, creándola y desarrollándola, convierte a ese exitoso empresario o gerente en un potencial exitoso gestor público. La realidad es completamente diferente. Aun en las empresas muy grandes, donde sin duda hay política interna, intrigas, palanqueos y en no pocas veces conductas malsanas, la administración pública no se compara con la privada. En la gestión pública jamás lo premian al que toma riesgos en la búsqueda de algo disruptivo; te castigan si no haces exactamente lo que está prescrito. En la gestión pública no se puede ‘prescindir’ por inepto, vago o ‘pillín’ de un funcionario sin recorrer un largo camino, que seguramente primero termine con el puesto de la persona de libre remoción, o incluso de la de elección popular. Y como el ejemplo anterior, hay miles de diferencias que muestran que tener éxito en un ambiente no garantiza tenerlo en el otro. Hay excepciones, sin duda, pero son eso, excepciones. Sin embargo, debe haber alguna solución para que gente talentosa y honrada acceda a la vida pública.

Me parece que la única forma en que las personas se preparen para la gestión pública, se alineen con una ideología y no se cambien como quien se cambia de ropa interior, y su proceso sea progresivo en el asumir responsabilidades, es la creación, desarrollo y permanencia de un sistema de partidos políticos. Ahí se forman los cuadros, se educa, y la competencia hace surgir a los mejores. Pero incluso más, se cuenta con la gente preparada para cuando se llegue al poder. Lo otro es entregarnos al caudillismo fugaz. Dirán que es partidocracia, sí, lo dirán quienes no quieran institucionalizar la gestión pública, para que quede en sus manos. La política y la gestión pública no es para todos.

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