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Diario Expreso Ecuador

El escudo de Alcívar

El Plan Escudo aborda la seguridad en los colegios de Ecuador a través del combate al microtráfico con requisas en las aulas y con protección a los estudiantes

El Plan Escudo plantea una política de seguridad formal a este frente cuasiolvidado de la guerra contra el terrorismo: las escuela y colegios.

El Plan Escudo plantea una política de seguridad formal a este frente cuasiolvidado de la guerra contra el terrorismo: las escuela y colegios.Archivo Expreso

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Cuenta Homero que Hefesto forjó para el hijo de Tetis un escudo donde, además de batallas, había bodas, cosechas y muchachos bailando en vida plena. Esto era para inspirar al guerrero. El arma más famosa de la Antigüedad era un retrato de lo que valía la pena defender. Me acordé de ese bronce con el Plan Escudo de la ministra Gilda Alcívar.

Hoy una de las imágenes más dolorosas del azote del terrorismo en nuestro país es una mochila escolar con droga y licor entre los cuadernos para traficar. Las bandas infiltran a nuestros menores y los convierten en correos. Durante años mandamos a los chicos a clases virtuales, pusimos patrulleros en la vereda con una extraña sensación de que el problema era pateado hacia adelante. El Plan Escudo plantea una política de seguridad formal a este frente cuasiolvidado de la guerra contra el terrorismo: si un rector lo pide, la Policía podrá entrar preventivamente, con protocolo, y de manera estructurada preparar políticas de seguridad en el área educativa. Por fin se encara un frente olvidado. Un colegio donde circula droga ya no es santuario: es una sucursal del crimen y su gerente espera afuera a ver los réditos de secuestrar las aulas.

El Estado actuando en un sector cuasiolvidado

Habría sido más cómodo decir que en las aulas todo está perfecto y voltear la cara. No se hizo. Alcívar encabezó una requisa en un colegio de Guayaquil: una ministra de Educación entre perros, policías y mochilas abiertas. Es una imagen dura, pero real. Hace falta valor para estar allí y para ver como ciudadanos esa escena.

La ministra promete que no habrá intervenciones arbitrarias; le tomo la palabra, porque todo escudo puede volverse garrote. Le toca a la justicia separar al pandillero del niño utilizado, víctima antes que culpable. Como Perseo con Medusa, el Estado debe mirar a través del muchacho para ver al adulto que lo mueve.

Las espartanas despedían a sus hijos: vuelve con el escudo o sobre él. Nuestros hijos no van a la guerra, van a clases. Que vuelvan con la mochila llena de tareas, no de miedo. Si el escudo de Alcívar logra eso, será la respuesta más contundente que el Estado le haya dado al crimen organizado dentro de los colegios en muchos años.

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