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Diario Expreso Ecuador

Colombia a las urnas

Colombia llega a las elecciones del 31 de mayo con una disputa entre Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia: continuismo o corrección del rumbo

La última medición del Centro Nacional de Consultoría ubica a Iván Cepeda primero en las encuestas con 33,4 % de intención del voto.

La última medición del Centro Nacional de Consultoría ubica a Iván Cepeda primero en las encuestas con 33,4 % de intención del voto.Mauricio Dueñas Castañeda / EFE

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Colombia llega a las presidenciales del 31 de mayo con una pregunta de fondo, si quiere corregir el rumbo o prolongar el ciclo abierto por Gustavo Petro. En el tarjetón constan catorce fórmulas, pero la disputa se concentra en tres nombres, Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. La última medición del Centro Nacional de Consultoría ubica a Cepeda primero, con 33,4 %; a De la Espriella segundo, con 30,9 %; y a Valencia tercera, con 12,6 %. Ninguno alcanza el umbral para ganar en primera vuelta, por lo que Colombia parece encaminarse a un balotaje de alta polarización.

Cepeda representa la continuidad del petrismo. Su candidatura no es solo una opción de izquierda; es la prolongación de un proyecto que ha privilegiado la confrontación ideológica, la sospecha frente al mercado y una visión estatista de la economía. En la región, la promesa de “profundizar el cambio” suele traducirse en más intervención, más incertidumbre regulatoria, más presión sobre los sectores productivos y menos confianza para invertir. Ese es el riesgo de una victoria de Cepeda, que la política pública siga subordinada a la militancia y no a la eficacia.

También está el problema institucional y de seguridad. Colombia necesita recuperar control territorial, autoridad legítima y reglas previsibles. La continuidad del petrismo podría reforzar la ambigüedad frente a grupos armados, la negociación desde la debilidad y el desgaste de las fuerzas que sostienen el orden democrático. Podría, además, prolongar una política exterior más ideológica que pragmática. Para un país que necesita inversión, empleo formal y seguridad, el costo no sería menor.

Cepeda vs. una derecha colombiana dividida

En la otra orilla aparece Abelardo de la Espriella, quien ha capturado buena parte del voto de indignación. Su discurso frontal, de derecha dura, conecta con una sociedad cansada del deterioro del orden público y de la retórica gubernamental. Su ascenso expresa un deseo claro de ruptura. Pero también plantea interrogantes. Su falta de experiencia administrativa y su estilo plebiscitario pueden convertir el rechazo al petrismo en una apuesta de alto voltaje político. Moviliza y sacude; falta saber si puede gobernar con solvencia institucional.

Paloma Valencia representa una derecha más orgánica, vinculada al Centro Democrático, con experiencia legislativa, identidad ideológica clara y defensa de la seguridad, la propiedad privada y la economía de mercado. Sin embargo, su caída en las encuestas revela el problema de fondo: la derecha colombiana llega dividida. Entre el impulso emocional de De la Espriella y la tradición política de Valencia, el voto opositor se fragmenta. Esa fractura puede beneficiar al proyecto que ambos dicen querer derrotar.

La división de la derecha es hoy una ventaja estratégica para Cepeda. Mientras la izquierda concentra su fuerza alrededor de una candidatura de continuidad, los sectores que reclaman cambio se disputan el liderazgo, el tono y la legitimidad. El resultado es peligroso. Una mayoría social inconforme podría diluirse por falta de coordinación política.

Colombia necesita una alternativa capaz de ordenar prioridades y ofrecer gobernabilidad. El país necesita un cambio, no por capricho partidista, sino porque la continuidad ya mostró sus límites.

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