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Diario Expreso Ecuador

La muerte no borra el pasado

Ni el tiempo ni la muerte eliminan la verdad de las acciones, y la historia juzga los legados según el impacto de los hechos en la sociedad

Lo que una persona hizo, bueno o malo, continúa existiendo en quienes se sienten beneficiados o perjudicados.

Lo que una persona hizo, bueno o malo, continúa existiendo en quienes se sienten beneficiados o perjudicados.Canva

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Mucho se ha hablado y escrito en los últimos días sobre el trágico fallecimiento en Kenia de Michele Sensi-Contugi, quien fue director del Centro Nacional de Inteligencia de Ecuador. En un lado están quienes lloran su pérdida y, en el otro, quienes no lo hacen porque se sienten agredidos por sus acciones.

Ante esto, quiero decir que no hay muerte en el mundo que borre un pasado ni las consecuencias de sus acciones, sean estas buenas o malas.

El juicio histórico ante la partida de una figura pública

La muerte de la madre Teresa de Calcuta no borró sus acciones; por el contrario, su fallecimiento, el 5 de septiembre de 1997, consolidó un legado global de asistencia a los marginados, el cual continúa vigente a través de las Misioneras de la Caridad. Y pasó lo mismo con la princesa Diana de Gales. Su historia, su impacto en la monarquía británica y su legado humanitario siguen vigentes, convirtiéndola en un mito permanente, más allá de su fallecimiento el 31 de agosto de 1997.

Y los alemanes Adolf Eichmann y Heinrich Himmler, bajo las órdenes del genocida Adolfo Hithler, no dejaron de serlos principales arquitectos del Holocausto y responsables del asesinato sistemático de millones de seres humanos. Sus muertes pusieron término a sus acciones, pero no eliminaron su responsabilidad histórica y moral por los millones de víctimas del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. La muerte no convirtió sus crímenes en acontecimientos inocentes ni borró el sufrimiento de quienes los padecieron.

Augusto Pinochet tampoco dejó de ser calificado como dictador cuando entregó el poder a Patricio Aylwin el 11 de marzo de 1990. Y su muerte, en 2006, tampoco modificó por sí sola el juicio histórico sobre su régimen.

Incluso en el ámbito de la justicia ordinaria existe una diferencia entre cumplir una condena y borrar el pasado. Quien comete un delito y cumple la pena impuesta por un tribunal recupera su libertad, pero el hecho cometido no desaparece.

Y esto porque una muerte puede cerrar una biografía, pero no puede reescribirla. Lo que una persona hizo, bueno o malo, continúa existiendo en quienes se sienten beneficiados o perjudicados. Por eso, ante la muerte, la pregunta no debería ser qué se extingue, sino qué permanece. Y eso, que nadie puede enterrar, son los hechos.

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