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Diario Expreso Ecuador

Lionel, el chiquito de Las Heras

Tras caer ante España en la final, a sus 39 años, Lionel Messi se despidió del Mundial 2026 siendo un ejemplo de resiliencia que superó todas las barreras

El FC Barcelona, de España, lo acogió cuando era aún un niño y Messi ganó ahí todo lo que se puede ganar con un club. Más tarde llevó a la selección de Argentina a ser campeona del mundo en 2022.

El FC Barcelona, de España, lo acogió cuando era aún un niño y Messi ganó ahí todo lo que se puede ganar con un club. Más tarde llevó a la selección de Argentina a ser campeona del mundo en 2022.Archivo Expreso

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La imagen quedará: Messi abrazando a Lamine Yamal, el mismo que le acababa de quitar el título, minutos después de perder la final del Mundial 2026 ante España. No hubo cara de derrota. Hubo entrega.

Antes de todo eso hay un patio en Las Heras, un barrio de Rosario, y un chiquito de cuatro años que sus hermanos mayores metían al equipo solo para completar número. A los cinco ya jugaba en Grandoli, el club de barrio que entrenaba su papá. La abuela Celia lo llevaba a la cancha y le gritaba desde la línea. Cuando ella murió, Messi empezó a señalar al cielo cada vez que hacía un gol. Todavía lo hace.

A los diez le diagnosticaron un déficit de hormona de crecimiento. El tratamiento costaba cerca de 900 dólares mensuales. Newell’s, el club de sus amores, no pudo pagarlo. River tampoco se comprometió del todo. Fue Barcelona el que dijo que sí, y lo hizo en una servilleta: el directivo Carles Rexach firmó el compromiso en un papel de café porque no había contrato a mano y no quería que el chico se les escapara.

La gloria con Barcelona y con la selección de Argentina

Entonces la familia entera se mudó a España. Messi tenía trece años, no hablaba con acento catalán, extrañaba el asado de los domingos y pasó meses sin entender por qué sus compañeros de La Masia se reían de él. Aprendió jugando, como aprendió todo.

Ganó ahí todo lo que se puede ganar con un club. Le faltaba la camiseta de su país, y esa deuda lo persiguió años, con una prensa que le medía las lágrimas en cámara lenta.

Las lágrimas llegaron en Qatar. Sin embargo, el domingo no hubo final feliz. Esto si lo vemos con la miopía característica del resultadismo y dejamos a un lado todo lo que representa. Messi, con 39 años, tuvo un partido gris. Hay que decirlo con respeto: el cuerpo ya no perdona como antes.

No sé si vuelve a vestir la Albiceleste. Lo que sí sé es que este chico de Las Heras no necesita otra final para demostrar nada. Ya lo hizo, con la hormona que le faltaba y la pelota que le sobraba.

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