Un espejo y una certeza
La crisis en Bolivia es una advertencia para Ecuador, pues el fracaso de la democracia es el caldo de cultivo perfecto que la mafia política aprovecha

Evo Morales moviliza a grupos indígenas para incendiar Bolivia y exhibir un mensaje claro: si no gobernamos nosotros, nadie gobierna.
Son 27 años desde que América Latina se dejó seducir por la narrativa de que existía una nueva izquierda latinoamericana, moralmente superior, soberana, antiélite y comprometida con los pobres. Hoy: Cristina Fernández de Kirchner sentenciada por corrupción. Rafael Correa sentenciado por corrupción. Nicolás Maduro, hasta enero dictador, preso por delitos que incluyen narcotráfico. Evo Morales evadiendo la justicia boliviana por acusaciones de trata. José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente de España, investigado por delincuencia organizada. Joder, tío. Ya no hablamos de casos puntuales, sino de una red política y criminal transnacional que comparte métodos, operadores, se protege, construye narrativas, persigue enemigos y, además, sigue vigente. Esa es la certeza.
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Porno para Leonidas
El espejo es Bolivia. Es lo que ocurre cuando una parte de la sociedad deja de creer en las instituciones, es manipulada políticamente e intenta tomarse el poder cabalgando sobre su dogma ideológico. Evo moviliza a grupos indígenas para incendiar su país y exhibir un mensaje claro: si no gobernamos nosotros, nadie gobierna. Acá ya conocemos esas formas. Diría yo en X: ‘porno para Leonidas’, quien seguro observa lo que ocurre en el altiplano con ilusión y orgullo, pues su lógica es la misma: condicionar al Estado a través del caos.
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Ese espejo y esa certeza no son ajenos a los ya complejos desafíos que tiene el actual gobierno y nosotros como sociedad. La mafia política prospera donde la democracia fracasa. No solo cuando se debilita institucionalmente, sino cuando falla en producir bienestar, orden y esperanza. Prospera cuando el ciudadano siente que su esfuerzo no alcanza y que el sistema no resuelve nada. Por eso cualquier tropiezo de este gobierno puede generar un cisma emocional y social mucho mayor que los errores u horrores de gobiernos pasados. Hace rato que ser ecuatoriano se siente como vivir al borde de un precipicio, contemplando el abismo, sin saber si al día siguiente uno sigue ahí o finalmente cae. Estamos hartos. La esperanza vendrá no ganando la guerra del relato, sino generando bienestar real.
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Bolivia es el ejemplo de cómo podemos desmoronarnos si la gente deja de creer en las instituciones, en la cohesión social, en su país. Ese es el espejo. La mafia va a obstaculizar el camino del progreso y capitalizar cualquier error o tropiezo del gobierno. Esa es la certeza.