La era de la ilusión
Entre el 'scroll' y los debates superficiales en redes sociales, cada vez nos cuesta más entender al que piensa distinto, ahondado la polarización

En las redes sociales, todos los días, sin importar lo intrascendente del posteo, hay una carnada para la confrontación.
Mi columna de la semana anterior trató sobre los debates superficiales y la desatención que la vorágine de la información causa en la ciudadanía. Tomé como ejemplo el MUNA, alrededor del cual ardían las redes. EXPRESO, como suele hacerlo, colgó el título del editorial junto con un fragmento de un párrafo; sobre este, un usuario comentó haciendo referencia a Infocracia, obra de Byung-Chul Han. Lo que vino a partir de allí fueron comentarios (agresivos en su mayoría) sobre el comentario del comentario del fragmento. Apostaría que, con excepción del primero, ninguno leyó la columna completa ni tenía contexto sobre lo que trataba, sino que asumieron a partir de sus propios sesgos y pasiones que había un adversario dialéctico al cual derrotar.
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Polarización que causa confrontación
Esto no es inusual: todos los días, sin importar lo intrascendente del posteo, hay una carnada para la confrontación. Lo nocivo de la polarización es evidente, pues estamos divididos en clanes que se siguen fragmentando a la par que avanzan las conversaciones, donde el purismo de las ideas de uno no admite divergencias. Pero hay otro elemento que no es tan evidente: en la ilusión de una era donde existe libertad de expresión y democracia plena. No sólo desviamos la mirada mientras hacemos ‘scroll’ a las noticias, sino que también nos acostumbramos a la liviandad de estas. Cansa, a la mayoría, concentrarse en más de un par de líneas; así, es imposible pedir que intenten entender las posiciones contrarias o, peor aún, interiorizarlas para reflexionar si quizás es su propia preconcepción la que está errada.
Esta realidad global viene, paradójicamente, hoy que se tienen enormes posibilidades de adquirir conocimiento y canales para levantar la voz. El mismo Byung-Chul Han sostiene que la democracia es una comunidad de oyentes y que la comunicación digital, al separarnos en lugar de crear comunidad, destruye la capacidad de escuchar y por lo tanto la democracia.
Cuando vociferamos sin ánimo de actuar, cuando queremos incidir sin estar dispuestos a recibir nueva información para recalibrar nuestro norte, nos convertimos en engranajes útiles para ese mismo sistema que decimos querer corregir.