Los ojos de Olaf y Resfa
El debate sobre el Museo Nacional revive la urgencia de proteger la memoria histórica de Ecuador, inspirados por pioneros como Olaf Holm y Resfa Parducci

A la Casa Tola, antiguo Consulado de Mónaco en Guayaquil, la vemos derrumbarse poco a poco, pese a que forma parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Estos días he pensado en Olaf Holm, el danés que llegó al Ecuador y terminó dedicando su vida a estudiar nuestro pasado; y en Resfa Parducci, pionera de la arqueología ecuatoriana. Ambos dedicaron décadas a rescatar, estudiar y proteger aquello que muchas veces los demás pasaban por alto: nuestra memoria.
Olaf no vino al Ecuador para enseñarnos quiénes éramos. Vino a ayudarnos a descubrirlo, al igual que Resfa desde la investigación, la conservación y el estudio del patrimonio con los ojos de los apasionados pioneros que aman lo que hacen.
Más allá de la discusión democrática de los últimos días sobre el Museo Nacional y de todo lo que ha gravitado alrededor de este proyecto hay un hecho: el patrimonio volvió a ocupar un lugar en la conversación pública.
Personas que durante años nunca hablaron de museos, reservas o colecciones comenzaron a hacerlo. Ojalá no abandonen el tema cuando termine la controversia política.
Rescatar todo lo que conforma nuestra memoria como país
El patrimonio está en los museos y en las reservas arqueológicas que custodian nuestra historia. Pero también habita en lugares más silenciosos. Está en la colección de arte de Ramón. Está en la biblioteca que sigue protegiendo sus archivos. Está en la empresa privada que decidió conservar su historia en un museo. Está en el investigador que clasifica documentos y en el restaurador que rescata una pieza del olvido.
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Desde el antiguo Consulado de Mónaco en Guayaquil, que vemos derrumbarse, hasta las reservas técnicas que custodian miles de piezas arqueológicas. Todo es importante. Todo es necesario. Todo forma parte de una misma herencia.
Y quizá, si por un instante pudiéramos mirar el Ecuador con los ojos de Olaf Holm y de Resfa Parducci, veríamos mucho más que edificios o colecciones. Veríamos memoria. Y si además tuviéramos un poco de sus corazones, aprenderíamos a cuidarla con el amor, el respeto y el cariño que merece.